"Quien por lo tanto quiere conducir a otro a la fe necesita la
capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, no de la violencia ni de la
amenaza"
Emperador Manuel II

martes 9 de febrero de 2010

Padre Buela y el lefebvrismo

Hemos decidido publicar este artículo del padre Buela. Fue escrito antes del levantamiento de excomunión de los obispos lefebvristas, pero sus argumentos no dejan de ser muy actuales y documentados.

Por ejemplo, cuando denuncia la actitud antieclesial de los ultratradicionalistas:

"son antieclesiales que en una suerte de "amarillismo" periodístico se regodean con publicar cuanto escándalo o falla creen encontrar en la Santa Madre Iglesia y viven de esas fallas porque necesitan que la Iglesia se equivoque porque, de lo contrario, pierden su razón de ser al estar constituidos esencialmente por la oposición a la Iglesia equivocada"

Y lo podemos constatar en cuanto blog y foro donde publican sus comentarios a diestra y siniestra, sin moderación alguna.

Una de las cosas que hemos observado es que atacan a las congregaciones y movimientos fundados "después" del Concilio Vaticano II. Persiguen y atacan a los fundadores de los mismos (golpea a la cabeza y el rebaño quedará confundido). El escándalo del padre Maciel, fundador de los Legionarios, les ha caído como anillo al dedo....Aprovechan cualquier falla humana, por grande o mínima que sea, para achacarlo al Concilio Vaticano II. Los hemos visto criticar a los neocatecumenales, a la renovación carismática, a los Legionarios de Cristo (justos pagan por pecadores), a los del Instituto del Verbo Encarnado, al Opus Dei, etc. Incluso algunos más temerarios se atreven a calificarlos de secta....

Errar es de humanos y en estos dos mil años de Iglesia nunca nos hemos librado de fallas y errores humanos.

Como acertadamente comenta el padre Buela "se regodean con publicar cuanto escándalo o falla creen encontrar en la Santa Madre Iglesia y viven de esas fallas porque necesitan que la Iglesia se equivoque porque, de lo contrario, pierden su razón de ser al estar constituidos esencialmente por la oposición a la Iglesia equivocada"

¿Misas del N.O. con globos y payasos? jamás hemos visto algo semejante, y asistimos a varias parroquias.

Por eso, según los ultratradicionalistas, nada está bien en la Iglesia. Todo es malo. Como si el Espíritu Santo nos tuviera totalmente abandonados que ya ni siquiera la Iglesia acierta al aprobar congregaciones o movimientos y asociaciones.

Y todo el que se decida a denunciar sus errores y su actitud equivocada será tachado de "ignorante", "mala fe", "papolatría", o de buscar granjearse simpatías en la jerarquía, o cosas peores....

En cierto blog se dedican a perseguir al padre Buela. Después de leer la siguiente respuesta se puede entender el por qué. Si Buela es santo o pecador, simpático o antipático, amable o descortés, si ha cometido errores humanos o no (y el que esté libre de error que tire la primera piedra), no tenemos la menor idea, no tenemos ningún vínculo con él; pero que es un sacerdote consagrado que ama a Jesucristo y ha entregado su vida por El y que es fiel al magisterio y al Santo Padre, se puede constatar por la evidencia; y quien diga lo contrario que lo demuestre con pruebas y no con rumores o chismes.

Esperamos con ansias los resultados de las conversaciones entre la Santa Sede y lefebvristas.







Título original: El lefebvrismo, ¿un cisma que llegó a la herejía?

autor: padre Carlos Miguel Buela, fundador del I.V.E.

El artículo de mi autoría aparecido en la revista DIÁLOGO n° 6, del 15 de Setiembre de 1993, mereció una larga respuesta por parte de los sacerdotes del Distrito de América del Sur y del Seminario Nuestra Señora Corredentora de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, presididos por el Superior del Distrito, padre Xavier Beauvais, y por el Director del Seminario, padre Dominique Lagneau, en un folleto titulado “De Maritain a Vaticano II... de Vaticano II a San Rafael de Mendoza. Respuesta, aclaración y refutación a un artículo del Padre Buela" [1] .

Nos sentimos obligados, en conciencia, por razones de justicia y de caridad, a responder puntualmente todas y cada una de las preguntas que en su respuesta nos hacen estos hermanos. Lo haremos, Dios mediante, en números sucesivos de esta revista. Les pedimos perdón por no haber podido publicar nada "en el próximo numero de su revista" [2] por la sencilla razón de que ya había salido el n° 7. Lo haremos aún sabiendo que se trata, según la encuesta realizada a tal efecto al Episcopado mundial, de sólo una "pequeñísima -pero muy activa minoría que se hace oír con mucho ruido" [3] . Deseamos, aunque sea mínimamente, responder al pedido del Papa: "las amplias y profundas enseñanzas del Concilio Vaticano II requieren un nuevo empeño de profundización, en el que se clarifique plenamente la continuidad del Concilio con la tradición, sobre todo en los puntos doctrinales que, quizás por su novedad aún no han sido comprendidos por algunos sectores de la Iglesia” [4] .

No obstante esta promesa de ir respondiendo sus interrogantes, a modo de comienzo, debo aclarar algunos puntos.

I- NUESTROS MOTIVOS

Nuestros motivos no son los que sin ninguna justicia nos endilgan estos lefebvristas, muy por el contrario, son otros.

Si demoramos hasta ese momento el referirnos más in extenso al tema fue por la sencilla razón de que antes no teníamos revista. Juzgar que la finalidad de ese artículo era agradar a "aquellos que poseen el poder en la Iglesia...que no quieren saber nada con estos sacerdotes, y con los cuales ellos tampoco quieren tener mayor relación, salvo un "entendimiento pacífico”; "un DIÁLOGO condescendiente" para disputarles un espacio en el gran sincretismo de (utilizando una formula acuñada por monseñor Benelli) la Iglesia Conciliar. Era la única alternativa para seguir subsistiendo, con la esperanza de ser vistas con mejores ojos por las autoridades romanas y diocesanas y poder llevar a cabo una "renovación en fidelidad” [5] . Este es un párrafo de antología. Evidencia muchas cosas: el prurito de creer saberlo todo -aun las intenciones- y de juzgarlo todo, -aun las autoridades romanas que, evidentemente, involucran a Pedro-.

Es falso que escribiéramos el artículo para "aquellos que poseen el poder en la Iglesia...". Es falso que ellos (los que poseen el poder en la Iglesia) "no quieren saber nada con estos sacerdotes", pues tenemos varias cartas de autoridades de Roma, de primer nivel, que demuestran lo contrario y, sin ir más lejos, ayer (22-3-94), nuestro señor Obispo nos defendió públicamente por televisión.

Es falso que no queramos nosotros tener con las autoridades de la Iglesia "mayor relación". Muy por el contrario, para nosotros es ESENCIAL la comunión con los legítimos Pastores de la Iglesia. En nuestras Constituciones, en este momento en estudio por Roma, se legisla: "...nosotros, que nos honramos en llamarnos religiosos “Del Verbo Encarnado" traicionaríamos gravísimamente nuestro carisma, si no trabajáramos por tener una auténtica espiritualidad eclesial, que nos incorpore plenamente a la Iglesia del Verbo Encarnado. Y no queremos saber nada fuera de Ella" [6] . Me viene a la mente el refrán "el ladrón cree que todos son de su condición". Porque estos tales -de hecho- no quieren saber nada con la Iglesia jerárquica, proyectan sobre nosotros su insensatez.

Es falso que queramos "disputarles un espacio...", que "era la única alternativa para seguir subsistiendo". En circular 2/93 de fecha 18 de mayo de 1993 comunicaba a todos los miembros de nuestra familia religiosa -en formación-, la próxima ordenación sacerdotal de 17 diáconos, y las fundaciones en China, en Ucrania, en Perú, en Estados Unidos de Norteamérica, en Jerusalén, que se suman a las autorizadas con anterioridad en Rusia, en Italia, etc. No nos falta "espacio" en la Iglesia, por el contrario, nos sobra. Lo que nos faltan son más vocaciones para poder atender todos los pedidos que nos llegan de todos los continentes de parte de los señores Obispos. Con tantas falsedades, en un solo párrafo, sólo muestran que imitan a su "papa" padre Franz Schmidberger quien afirmara falsamente que la Fraternidad San Pedro fue "obligada oficialmente por la comisión Ecclesia Dei a dar la comunión en la mano" [7] .

Tengo la impresión de que lejos de "tirar la pelota afuera" [8] , les hicimos "un gol de media cancha que rompió la red y todavía la están buscando", y por eso respondieron con un folleto de 83 págs. a mi artículo de 40 págs. Y, más aún, con ese folleto, se han hecho "un gol en contra".

Asimismo, el amplio espectro de las distintas posiciones integristas no hacía posible un tratamiento pormenorizado de los distintos temas. Cosa que no pasará ahora porque hemos de destinar el espacio que sea necesario para manifestar nuestra posición frente a lo expuesto por los padres Beauvais y Lagneau.

II- EL PROBLEMA PRINCIPAL

Luego de leer detenidamente el folleto de estos padres, se llega a la conclusión que el problema fundamental es la falta de comunión con Pedro vivo en la persona del Papa y, por tanto, la falta de comunión con la Iglesia viva. De hecho los cuatro obispos consagrados por Mons. Lefebvre están excomulgados, o sea fuera de la comunión. De hecho, no figuran en el Annuario Pontificio [9] . De hecho, no efectúan la visita ad Limina Apostolorum Petri et Pauli. Por tanto, estos padres, de hecho, no están en comunión con ningún Obispo que esté en comunión con Pedro.

Ante este problema principal, los otros problemas -Misa de Pablo VI, colegialidad, ecumenismo y libertad religiosa- se transforman en simple excusa. Ya tienen posición tomada contra el Sucesor de Pedro, posición que trabaja en ellos como un verdadero "vorgriff” (o preconcepto) y, entonces, estarán "a priori" contra el "nuevo" rito, el "nuevo" Código de Derecho Canónico, el "nuevo" Catecismo, la "Veritatis Splendor", etc., etc., etc. Todo lo que emana la Iglesia después del Concilio Vaticano II, será sospechoso para ellos de modernismo.

Como es obvio no se trata de la crítica a algún acto aislado del Papa como es el ejemplo puesto de San Pablo, San Bruno, San Hugo, San Godofredo, San Norberto [10] , etc., aquí estamos ante una crítica global a, por lo menos, tres Papas: Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. Y lo que es de temer, ante una crítica global a los Romanos Pontífices que los sucedan, por la sencilla razón de que aquellos que critican están convencidos que SON como la hipóstasis de la Tradición que juzga al Magisterio, y mientras éste no diga lo que ellos quieren, seguirán haciendo el recurso a los Santos que se opusieron a algún acto de los Papas, para oponerse a los Papas sucesivos y de manera global.

Nominalmente no son sedevacantistas, pero en la práctica parecen serlo. De hecho, la tentación de algunos de sus miembros fue desbarrar al sedevacantismo, a pesar de la clara advertencia del mismo Mons. Lefebvre: "el razonamiento de quienes afirman la inexistencia del papa coloca a la Iglesia en una situación muy complicada. La cuestión de la visibilidad de la Iglesia es demasiado necesaria a su existencia para que Dios pueda omitirla durante decenios. ¿Quién nos dirá donde está el futuro papa? ¿Cómo se podrá designarlos si ya no hay Cardenales?" [11] y, ciertamente, en el plano inclinado en que se encuentran por la crítica habitual al Romano Pontífice, el sedevacantismo es su gran tentación.

Por ejemplo, uno de los obispos ordenados por Lefebvre, el inglés Richard Williamson, que está excomulgado, acaba de declarar en Mendoza respecto de la encíclica "Veritatis Splendor": "es un pensamiento humanista, antropocéntrico y secular, que se acerca demasiado al pensamiento de los filósofos modernos, muy anticatólicos, como Emmanuel Kant" [12] . Al mismo tiempo, uno de los más grandes conocedores de Santo Tomás, discípulo dilecto del P. Santiago Ramírez, O.P., escribe: "...espero haber presentado los principales rasgos de esta excepcional encíclica de Juan Pablo II, en la que se hace sentir el sólido y coherente pensamiento teológico-antropológico de Santo Tomás, a quien hemos encontrado citado 23 veces" [13] . Un obispo lefebvrista excomulgado cree que puede calumniar impunemente al Sucesor de Pedro, pero se olvida que la mentira tiene patas cortas. Y si un obispo se atreve a decir cosas tan groseras del Papa, ¡qué no dirán los curas que los siguen! Estos tales trabajan por apartar a los hombres de la Iglesia Católica, con la excusa de que luchan contra el modernismo cuando en rigor de verdad le hacen el campo orégano.

III- LA NUEVA MISA

No puedo silenciar que la postura de estos padres frente a la Misa, que llaman nueva, es, sencillamente, demencial.

Respecto de la Misa, según el rito de Pablo VI, afirman estos lefebvristas que "de parte de Nuestro Señor esa acción es un verdadero sacrificio ofrecido voluntariamente y por su inmensa caridad. En ese sentido es agradable al Padre". Pero a renglón seguido sostienen: "pero de parte del rito mismo, que viene de la herejía protestante y conduce a la herejía protestante, es un pecado gravísimo" [14] . Y para probar semejante aserto muy sueltos de cuerpo dicen: "Esta distinción la trae Santo Tomás al responder a una objeción sobre si fue conveniente que Jesús padeciera de parte de los gentiles (S.Th., III, q.47, a.4, ad 2). Así como a nadie se le hubiese ocurrido participar de la Crucifixión de Nuestro Señor para agradar al Padre con su Sacrificio; de la misma manera hay que responder respecto de un rito que no agrada en sí al Padre, aunque el valor del Sacrificio de su Hijo sea infinito. En una 'misa negra' valida también hay sacrificio... [15] "

A esto hay que decir:

1° El sacrificio de la Cruz, del cual trata Santo Tomás en esa parte de la Suma, es cruento, en especie propia, con derramamiento de sangre, con occisión física de la Víctima perpetrada por sus asesinos. Por el contrario, en la Misa el sacrificio es incruento, sacramental, no en especie propia sino en especie ajena, sin occisión física y sin derramamiento de sangre; no hay, por tanto, ni puede haber, asesinos. Estos intelectuales, que se quejan de que yo, según ellos, haya pasado indebidamente "del artículo 8 al artículo 9 de la cuestión 64" [16] , pasan del Tratado de la Eucaristía (III, q. 73-83) al Tratado de la Vida de Cristo (q. 47). ¡Se pasaron 26 cuestiones!, ¡en total se pasaron 158 artículos!

2° En el sacrificio de la Cruz una era la Persona que se inmolaba y otra era la de sus verdugos que, ciertamente, no oficiaban como sacerdotes. En el santo sacrificio de la Misa una es la Persona del Sacerdote principal e, identificándose sacramentalmente con Ella, la persona del sacerdote secundario que actúa "in persona Christi" [17] , que, ciertamente, no oficia de verdugo. "En realidad, la acción del sacerdote que consagra es la misma de Cristo, quien obra por su ministro" [18] . Por tanto, no se sigue la comparación.

3° Pero además, estos padres parecen no darse cuenta que hay un rito esencial, que subyace a todos los ritos, que es el mismo rito eucarístico por el cual se inmola sacramentalmente el Sacerdote principal ofreciéndose al Padre [19] . El rito esencial, que es lo que hace el mismo Cristo en cada Misa como Sacerdote principal, es igual en todas las tradiciones litúrgicas, en todos los ritos "secundarios", ya que el Sacerdote principal es siempre el mismo: Jesucristo; la Víctima es siempre la misma: Jesucristo; el Acto Oblativo es el mismo y del mismo Jesucristo. Decir que "hay tantas Misas como obispos y sacerdotes. En una misma capilla, la Misa de 10 es distinta de la de 11. Y esto los padres de San Rafael lo saben pero lo callan" [20] , y "bien sabemos que hay Misas y Misas hoy en día en la Iglesia de Dios" [21] , es confundir lo accidental por lo esencial. Si eso fuera así -si la Misa fuera distinta por el sacerdote secundario- también las Misas de San Pío V serían diferentes unas de otras, porque en unas el celebrante es petiso, en otra alto, pelado, gordo, flaco, antipático, joven, viejo, unos leen el latín con acento francés, otros con acento alemán, otros pronuncian según la "restituta", etc. Que haya arbitrariedades y corruptelas litúrgicas entre los celebrantes del rito de Pablo VI lo sabemos, no las negamos y las reprobamos, pero también las hubo en el rito milenario codificado por San Pío V: hubo quienes celebraban 7 Misas los Domingos; quienes en 10 minutos llegaban al 'Ite, Missa est'; quienes repetían 10 veces "hoc", etc., etc., etc. Es no darse cuenta que siempre estará presente la debilidad del Sacerdote secundario, que siempre con toda verdad, golpeándose el pecho debe decir: "y a nosotros, pecadores, siervos tuyos..." [22] . Los abusos litúrgicos hay que denunciarlos, pero corresponde reprimirlos a los Obispos; si ellos no lo hacen como deberían, Dios será quien los juzgue.

4° Decir que el "nuevo" rito viene y va hacia la herejía protestante, "que compromete la fe", es como decir que Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, que la celebraron, son herejes. Y también lo serían quienes Uds. citan como "autoridades": el Card. Ratzinger [23] , Mons. Tortolo [24] , Mons. Bolatti [25] , los padres Julio Meinvielle [26] , Leonardo Castellani, [27] Alberto Ezcurra [28] , Alfredo Sáenz [29] , Carlos Biestro [30] y los mismos Schillebeeckx [31] y Congar [32] , todos los cuales celebraron y celebran -los que viven- la Misa de Pablo VI.

Aquí tengo que hacer un breve paréntesis. Por el afecto que me unió a Mons. Tortolo y como testimonio de su límpida vida sacerdotal debo referir lo siguiente: visitándolo en Paraná en el año 1976 [33] me dijo que en la misma silla donde yo estaba sentado había estado Mons. Lefebvre que había sido amigo de él en la época del Concilio pero que como había desobedecido al Papa, le había dirigido una carta pidiéndole que se sometiese; copia de esa carta la había dirigido a la Secretaría de Estado y de allí le habían agradecido sus buenos oficios para que Lefebvre se reconcilie con el Papa: "no estoy de acuerdo con Lefebvre". ¡Cuanto menos habría estado con las consagraciones episcopales al margen de Pedro en cuanto tal! Mons. Adolfo Tortolo nunca fue lefebvrista.

Pero, nos preguntamos ¿para qué traen estos lefebvristas, aparentemente franceses, el testimonio de estos hombres de Dios argentinos que celebraran la Misa según el rito nuevo? ¿Para qué? Tal vez, podría ser, para tratar de conseguir prosélitos con la autoridad de los mismos, en especial, de las filas más sanas del nacionalismo católico argentino y de los sectores más sanamente tradicionales de nuestro catolicismo. Pero este ha de ser un empeño vano, porque si el nacionalismo llegase a ser lefebvriano perdería su esencia, al igual que si la “Tradición" rechaza al Papa, se transformaría en traición.

5° El nuevo rito agrada al Padre, porque es un rito aprobado por la Iglesia, que hace sus veces. Santo Tomás enseña que si alguien pretendiese hacer un rito no aprobado por la Iglesia probablemente no habría sacramento; pero aquí de lo que se trata es, justamente, de un rito aprobado por la Iglesia: "Acerca de los cambios que pueden introducirse en las fórmulas sacramentales hay que tener en cuenta dos cosas. Una depende del que pronuncia las palabras, cuya intención es esencial al sacramento, como se dirá después (q.64, a.8). Por tanto, si con esa adición o substracción pretendiese realizar un rito no reconocido por la Iglesia, no parece que se verifique el sacramento, pues no intenta hacer lo que hace la Iglesia" [34] .

6º Equiparar la nueva Misa a las "misas negras" como parece que hacen estos lefebvristas [35] , si no fuese tan trágico sería sumamente gracioso. ¡Cómo si no se hubiesen celebrado "misas negras" con el rito de San Pío V! Hacer esta comparación es criminal. Se pone la ocasión por la causa, es decir, que alguno use el rito nuevo para hacer algo satánico, no quiere decir que ese rito sea causa del aberrante uso; como no lo sería cuando se hiciese con el rito tridentino. Nadie está obligado a asistir a una "misa negra", pero sí se está obligado a asistir a la Misa según el rito que celebra el Papa, la mayoría casi absoluta del Episcopado mundial y la mayor parte del clero de rito latino de los cinco continentes. Y si el sermón pudiera, realmente, poner en peligro la fe católica, lo que habría que hacer es aconsejar que durante el mismo se rece el santo Rosario, como lo hacen los que sufren de sordera o como lo hacemos los que, a veces, tenemos que soportar predicadores aburridos o "regaderas".

Otro insigne disparate es afirmar que el rito nuevo conduce a la herejía y, según parece, "incluso si se tratase de la Misa papal dicha exactamente como lo manda el Nuevo Misal Romano" [36] . Quien haya asistido a una Misa celebrada por el Papa o la haya visto por televisión, no necesita ningún otro argumento para darse cuenta de que la afirmación de que la Misa nueva "conduce a la herejía" [37] solo puede ser producto de mentes enfermas. Que accidentalmente alguna persona pudiese considerar que peligra su fe, no arguye nada contra el rito nuevo; algunas personas dicen que leer la Biblia pone en peligro su fe, y en la historia de la Iglesia muchas herejías tomaron pie de la misma, pero eso no arguye nada contra la Biblia, porque "en Escritura mal entendida fundan los herejes su error" [38] . Afirmar que el nuevo rito "viene de la herejía protestante y conduce a la herejía protestante" [39] es contradecir, incluso, a Mons. Lefebvre quien afirmara: "del nuevo Ordo Missae, nunca diré que es herético" [40] ; si estos a tan pocos años de la muerte de Lefebvre, ya traspasan sus posiciones, ¿qué será dentro de unos años más? Y es que, por sus principios están en un plano inclinado que, aún, por inercia los llevaría a caer en posiciones cada vez mas apartadas del Magisterio de la Iglesia. Pues les falta el punto de asidero: Pedro. Pero si hasta el mismo Lefebvre había afirmado: "sabed que si hay un obispo que rompe con Roma, ese no seré yo" [41] , aunque murió como excomulgado [42] . Y esa debe ser la opinión de algunos lefebvristas, ya que Julio Vargas Prada, en un artículo insólito, que sólo puede embaucar crédulos, afirma que al asperjar agua bendita con el hisopo sobre el cadáver de Mons. Lefebvre, el Nuncio Apostólico reconoció, con ese gesto, que Mons. Lefebvre no estaba excomulgado [43] .

Asimismo, quiero hacer notar que la afirmación de Mons. Lefebvre en el sentido de que los jóvenes sacerdotes "que ya no tienen idea del Sacrificio... pierden la intención y ya no dicen misas válidas" [44] , o sea, la pérdida de la fe lleva a la pérdida de intención necesaria y ésta a que no digan misas válidas, va contra la enseñanza explícita de Santo Tomás [45] . No se sigue que de la pérdida de la fe se siga la pérdida de la intención necesaria.

Y lo que agregan estos seguidores de Lefebvre también va contra la clara enseñanza del Angélico Doctor, en efecto, ellos ponen como una de las causas de la pérdida de la fe, que lleva a los jóvenes sacerdotes a perder la intención de hacer lo que hace la Iglesia y por tanto a celebrar misas inválidas, "en la celebración habitual de un rito que entraña una intención contraria a la de la Iglesia" [46] , ahora bien, ese rito ha sido celebrado por tres Papas: Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, ¿cómo puede conllevar una intención contraria a la Iglesia a menos que se los considere formalmente herejes? Y a pesar que para ellos "es difícil encontrarse dentro de esa maraña" [47] -de ediciones, versiones y correcciones- no hay duda que la Iglesia Romana aprobó el Novus Ordo Missae. Lo que pasa es que, para estos sacerdotes, la Misa de Pablo VI debe llevar "una intención contraria"... a la Iglesia "Econiana" (¿otra vez el galicanismo?), no a la Iglesia Católica.

Pero el problema no es la Misa del Concilio Vaticano II. Ese no es el problema, ya que si se quiere celebrar la Misa Tridentina en latín se lo puede hacer, según la comunicación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino de octubre de 1984, que autoriza a los Obispos a dar ese permiso a los sacerdotes que lo soliciten.

El problema no es la Misa de Pablo VI. Ese no es el problema, ya que si se quisiese guardar el rito de San Pío V, en la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, hay una Fraternidad -esta sí en comunión con el Papa en cuanto tal-, la Fraternidad San Pedro que tiene como misión encomendada por el Papa conservar las riquezas del rito tridentino. Pero a éstos, algunos lefebvristas les han dicho, que celebraban Misas "cismáticas" -aunque son milimétricamente igual a las de ellos- porque... ¡están en comunión con el Papa!

IV- EL FUNDAMENTALISMO

De la lectura atenta de ese folleto se saca otra conclusión: Estamos frente a una concepción del cristianismo no-católica sino fundamentalista.

En el último documento de la Pontificia Comisión Bíblica [48] se trata en un apartado acerca de la lectura fundamentalista de la Biblia, que mutatis mutandi se puede aplicar a la lectura fundamentalista de la Tradición y del Magisterio.

Se trata de una interpretación primaria, literalista, que excluye todo esfuerzo de comprensión que tenga en cuenta las circunstancias, el crecimiento histórico y su desarrollo. Por ejemplo, no darse cuenta que la Encíclica Mortalium animos tenía presente la gravedad de un irenismo y pancristianismo, que condenaba y que aún ahora es condenable, pero no lo es el ecumenismo verdadero, tan necesario en las circunstancias actuales.

Que los autores del proyecto irenista usasen las palabras de nuestro Señor para afirmar su posición es un ejemplo del mal uso de la Escritura y por eso los reprueba S.S. Pío XI [49] , pero no es aplicable a todos los que usen ese versículo para afirmar la necesidad de un verdadero ecumenismo según el Magisterio de la Iglesia. Hay más de 150 documentos de la Iglesia [50] que nos hablan de la esperanza ecuménica de la Iglesia, muchos de los cuales se basan en los versículos: "habrá un solo rebaño y un solo pastor" (Jn.10,16) y "que todos sean uno" (Jn.17,21), que, al parecer, causan escozor a estos "campeones" de la fe.

Presentan las verdades -bíblicas, de Tradición, de Magisterio- de manera ideológica, es decir, influenciados "por un conjunto de ideas...simplista y maniqueo..." [51] y exigiendo una adhesión incondicional a sus actitudes doctrinarias rígidas. Son incapaces de reconocer la verdad, dondequiera se encuentre, en oposición a la sabia postura de los Santos Padres y Doctores. Así San Ambrosio: "toda verdad, que sea dicha por cualquiera, procede del Espíritu Santo" [52] , así Santo Tomás: "nadie puede decir algo verdadero sino movido por el Espíritu Santo, que es Espíritu de Verdad" [53] ; "no hay conocimiento de la verdad sino en el Espíritu Santo, que obra en la inteligencia y la conserva" [54] ; "todo lo bueno y todo lo verdadero es del Espíritu Santo" [55] . ¿Buscarían, tal vez, estos Padres y Doctores "un espacio en el gran sincretismo" [56] de la Iglesia Conciliar?, ¿o por el contrario, son estos lefebvristas los incapaces de entender la grandeza del catolicismo?

Imponen una lectura -de la Sagrada Escritura, de la Tradición y del Magisterio- que rehúsa todo cuestionamiento y toda investigación crítica. Así, por ejemplo, ni siquiera insinúan en su refutación que yo haya aducido la autoridad de los dos más grandes Doctores de la Iglesia de todos los tiempos, me refiero a San Agustín de Hipona y a Santo Tomás de Aquino, quienes en varias partes exponen la palabra "muchos" en el sentido de "todos"; lo mismo sostiene San Juan Crisóstomo [57] . Así el primero afirma: "y no creamos que hay divergencia entre ambos textos porque allí se diga: todos los que están en los sepulcros, y aquí el profeta omita la palabra todos, al decir: muchos de los que duermen en las fosas de la tierra, porque de vez en cuando la Escritura usa muchos en lugar de todos. Así, por ejemplo, a Abraham se le dijo: te hago padre de muchos pueblos; siendo así que también se le dijo: en tu descendencia serán benditas todas las naciones" [58] ; y el segundo, hace lo mismo en mas de una docena de textos: "a lo segundo respondo lo que Agustín dice muchos, esto es todos; y este modo de hablar se encuentra frecuentemente en la Sagrada Escritura" [59] ; al comentar el pasaje de la Escritura que dice "y curó a muchas personas dolidas de varias dolencias", Santo Tomás junto a San Juan Crisóstomo afirma "en donde dice muchos debe entenderse todos, según la costumbre de la Escritura" [60] ; "por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron constituidos pecadores, esto es todos los que nacen de el según causa seminal" [61] ; comentando el texto de Is. 52,15 que habla del Mesías que rociará a muchos con su sangre dice: “Por muchos, y por todos, porque si es considerado suficientemente El es propiciación por nuestros pecados; no por los nuestros solamente, sino por los de todo el mundo (I Jo. 2,2)" [62] ; a la objeción "de ahí que debió decir será derramada por todos o por muchos, sin añadir por vosotros", el Aquinate sólo responde acerca de la importancia que tiene el por vosotros [63] ; incluso comentando a Aristóteles, el Aquinate lo interpreta diciendo que donde el Filósofo dice muchos debe entenderse todos [64] . Estos superconocedores de Santo Tomás pensarán en sus desvaríos "que el espíritu ecumenicista de Asís" también, de manera anticipada, ha trastornado la cabeza del Aquinate, como piensan que, de manera derivada, "haya trastornado demasiadas cabezas" [65] . En sus divagues ideológicos pensarán, si es que son coherentes, que San Agustín, San Juan Crisóstomo, Santo Tomás están confundidos, ya que "pensamos que nadie confundirá panteísmo con politeísmo, cuyas raíces griegas no dejan lugar a dudas" [66] ; y todo por la soberbia intelectual de no admitir con el Doctor Angélico que "multi, idest omnes" [67] .

Y así no saben discernir "si se trata de ignorancia teológica o de deshonestidad intelectual" [68] cuando afirmo con Santo Tomás que si algún sacerdote dijera las palabras de la consagración como meramente narrativas igual habría verdadera consagración, allí en su argumentación pretenden hacer fuerza en un "etiam" que lo entienden como un "también" con el sentido de "y", pero no se dan cuenta que en el mismo artículo usa otras dos veces "etiam" y no en el sentido que ellos le dan. Aunque el sacerdote dijese, ilícitamente, la forma de la consagración como meramente narrativa, si tuviese pan y vino delante, esas mismas palabras adquieren significación [69] . Etiam se traduce por: también, a, aún, todavía, antes bien, etc. "Sirve para enlazar ideas que tienen valor por sí mismas aún independientemente de lo que ya se ha dicho" [70] . ¡Mal andan estos tradicionalistas a la violeta cuando no sólo no conocen a Santo Tomás, pero ni siquiera el latín! Y en cuanto a "ignorancia teológica o deshonestidad intelectual" se les puede aplicar lo del Evangelio: "medico, cúrate a ti mismo" [71] .

Al rechazar tener en cuenta el carácter histórico de la revelación (en la Escritura y en la Tradición) y el carácter histórico del Magisterio, se vuelven incapaces de aceptar plenamente la verdad de la Encarnación misma, como puede verse en su nestorianismo eclesiológico que, a lo más, pone dos cabezas visibles en la Iglesia, con lo que destruyen la unidad del Cuerpo Místico "ya que no puede haber un solo Cuerpo, si no hubiera una sola cabeza" [72] , y en su nestorianismo eucarístico ya que ponen en paralelo al Sacerdote principal y al secundario olvidándose que, de los sacerdotes secundarios, "ni el bueno hace más, ni el malo hace menos" [73] . El desconocimiento del carácter histórico de las normas próxima y remotas de la fe, los llevan a no reconocer que las formulaciones se realizan en un lenguaje, en una fraseología condicionada por tal o cual época, y así no prestan atención a los géneros literarios [74] (v.g.,multi, idest, omnes), ni a los modos de pensar, ni a las situaciones históricas distintas; si alguien llegase a tener en cuenta, incluso de manera ordenada esta realidad histórica, inmediatamente sería tildado de historicista, porque estos tales pareciera que no piensan con conceptos, sino hacen asociación de imágenes con fonemas, como los que confunden gimnasia con magnesia.

Este fundamentalismo no tiene en cuenta el crecimiento de la revelación “hasta la muerte del último Apóstol" [75] , ni el desarrollo homogéneo del dogma y del Magisterio en general; son proverbiales por su gran estrechez de puntos de vista no teniendo en cuenta la enseñanza de los Santos Padres y de Santo Tomás en el sentido que toda partícula de verdad, la diga quien la diga es fruto del Espíritu Santo [76] .

Son partidarios a ultrance de la "sola traditio" entendida ésta como ellos se la imaginan; son antieclesiales que en una suerte de "amarillismo" periodístico se regodean con publicar cuanto escándalo o falla creen encontrar en la Santa Madre Iglesia y viven de esas fallas porque necesitan que la Iglesia se equivoque porque, de lo contrario, pierden su razón de ser al estar constituidos esencialmente por la oposición a la Iglesia equivocada; caen en el libre examen protestante -en distintas formas de interpretación privada-; y aunque "pequeñísima minoría" son muy peligrosos porque seducen a las personas que buscan respuestas tradicionales a sus problemas vitales y pueden engañarlas porque ofrecen soluciones e interpretaciones "piadosas", pero ilusorias. Así como los protestantes en nombre de la Biblia se quedaron sin Biblia, estos en nombre de la Tradición se quedaron sin Tradición. De los primeros se dijo en el Vaticano I: "hasta la misma Sagrada Escritura, que antes era considerada por ellos como la única fuente y norma de la doctrina cristiana, han llegado no sólo a no tenerla por divina, sino hasta incluirla en las fábulas mitológicas" [77] . Y así al infiltrarse en el protestantismo los principios racionalistas, experimentaron la fuerza demoledora en grandes sectores: "al no haber sobrenatural, no hay mas que una religión naturalista. De aquí que la repercusión de esta concepción sobre la inspiración y la Escritura fue demoledora: la Biblia es libro humano con errores, y, sin revelación divina objetiva, sólo puede transmitir vivencias religiosas subjetivas, humanas y falibles. Los libros no son sobrenaturalmente escritos, sólo contienen la expresión de estas vivencias... Pocas cosas dan una impresión más penosa que la panorámica protestante de cuatro siglos. Todo son oscilaciones: en los criterios para creer, en la valoración de su fe, en el significado y contenido de la Biblia, en el sentido y valor de la revelación e inspiración bíblica. El principio del libre examen viene paradójicamente a anularles la misma valoración objetiva de la Biblia, única fuente de su fe" [78] . Y así les pasa a estos lefebvristas, la visión racionalista del Magisterio de la Iglesia y el libre examen frente al mismo les anula la valoración objetiva del Magisterio de la Iglesia, y ellos se autoconvierten y autoconvencen que son el magisterio supremo. De ahí que parecen estar siempre pontificando "ex cathedra" y "urbi et orbi".

En resumen, estos fundamentalistas invitan tácitamente a una forma de suicidio del pensamiento. Ofreciendo certezas falsas porque confunden las limitaciones humanas -de la Escritura, la Tradición, el Magisterio, cada uno en su esfera- con la sustancia divina de los mismos.

V- CONCLUSION

Termino esta suerte de introducción a nuestra respuesta a los padres Beauvais y Lagneau, renovando la promesa de hacerlo detenida y extensamente, tratando, a pesar de las fallas que podamos cometer, de hacer lo que enseña San Ignacio de Loyola "que todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla" [79] , que de nuestra parte no estamos dispuestos a perder la paz ni la caridad por esta polémica diciendo con San Bernardo de Claraval: "ni por ustedes hemos comenzado, ni por ustedes hemos de terminar" [80] . Eso sí, para responder cumplidamente al tema de la libertad religiosa esperamos su trabajo que prometen publicar en breve refutando la posición del Padre Julio Meinvielle [81] , el cual a mi pregunta por la posición sustentada por el que fuera mi párroco vecino, a quien Uds. citan, me respondió: "no sabe de qué se trata". Pero ánimo, parecen asombrarse de nuestra aparente demora en fijar posiciones, aunque recién después de más de 26 (veintiséis) años Uds. van a ocuparse de las supuestas equivocaciones del Padre Julio Meinvielle: "...no hagáis conforme a su obras, porque dicen y no hacen" [82] . Refutación al Padre Meinvielle que ha de ser vana, ya que: "no podemos nada contra la verdad, sino a favor de la verdad" [83] , como lo demostraremos en su momento. Au revoir!


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[1] Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Buenos Aires, Diciembre de 1993. Se puede solicitar este folleto en la Sede del Distrito: Rodríguez Peña 125. 1640 - Buenos Aires. Tel: (1) 792-1556 Fax: (1) 447-6918

O en el Seminario: C.C. 308 – Moreno 1744 - Buenos Aires. Tel: (0228) 25712. Fax: (1) 440-2381.

En adelante citaremos “De Maritain ..."

[2] "De Maritain ...", pág.79.

[3] Patrick Granfield, Los límites del papado, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1991, pág. 33; la nota 64 del capitulo I de la edición norteamericana remite a: Origins, Feb.11, 1982, Vol. XI, n.35: 558.

[4] Juan Pablo II, Carta apostólica "Ecclesia Dei" del 2/7/1988, en L'OR., 10 de julio de 1988, p.24.

[5] “De Maritain..." pág. l-2.

[6] Constituciones del Verbo Encarnado nº 279.

[7] Carta al Card. Oddi del 6 de enero de 1992, aparecida en revista Roma Aeterna, n.122, Octubre de 1992. Se puede averiguar la verdad escribiendo directamente al presidente Card. Antonio Innocenti, Piazza del S.Ufficio, 11, 00193 Roma, Italia.

[8] "De Maritain..." pág.2 passim.

[9] Lib. Ed. Vaticana, “L' Annuario include soltanto gli “Ordinarii locorum" nominati o approvati dalla Santa Sede", pág.2.

[10] "De Maritain... ", pág. 64.

[11] "Carta abierta a los católicos perplejos", ed. Emecé, Bs. As. 1986, pág. 205.

[12] Diario "Los Andes", 17 de marzo de 1994, pág. 13.

[13] R. P. Victorino Rodríguez, O.P., en "Verbo", n.317-318, septiembre-octubre 1993, Madrid, pág. 709.

[14] "De Maritain... ", pág. 67.

[15] Id., pág. 67 y 68.

[16] Id., pág. 11.

[17] Por ejemplo Eugenio IV, "Exultate Deo", del 22 de noviembre de 1439, DS. 1321; Dz. 698.

[18] Pío XII, Alocución "Vous nous avez demandé", 22 de setiembre de 1956, en Encíclicas Pontificias, tomo II, ed. Guadalupe 1967, pág. 1755.

[19] Dom Anscario Vonier, Doctrina y clave de la Eucaristía, ed. Emecé, Bs.As., 1946, pág. 234, dice que Santo Tomás de Aquino coloca "la inmolación eucarística como fundamento del rito eucarístico... el rito eucarístico es el aspecto esencial de la significación sacramental...Santo Tomás hace de la inmolación de Cristo sobre el altar una parte del ritual eucarístico...".

[20] "De Maritain...", pág. 68.

[21] Id.

[22] Nobis quoque peccatoribus famulis tuis, Del Canon Romano, 98.

[23] "De Maritain...", págs. 27/30.

[24] Id. págs. 24, 71, 72.

[25] Id. pág.24.

[26] Id. pág. 38-42.

[27] Id. pág. 41.

[28] Id. pág. 67.

[29] Id.

[30] Id.

[31] Id. pág. 26.

[32] Id.

[33] Ya Roma había clausurado la Obra el 6 de mayo de 1975 y había ocurrido la suspensión en julio de 1976.

[34] S.Th. III, q.60, a. 8.

[35] "De Maritain ... ", pág. 68.

[36] Id.

[37] Id. pág. 67.

[38] San Juan de Ávila, Obras Completas, Pláticas espirituales, Plática a sacerdotes, sermón 9, ed. B.A.C., Madrid, 1953, pág. 1364.

[39] "De Maritain...", pág. 67.

[40] Mons. Marcel Lefebvre, "Un Obispo habla", Ed. Nuevo Orden, Bs. As., 1977, pág.183.

[41] Id., pág. 217.

[42] Cfr. L'O.R. 29 de marzo de 1991, pág. 4.

[43] Artículo "Teología del hisopo", en Roma Aetema, n° 122, pág. 46.

[44] Citado en "Integrismo...." pág. 22; "De Maritain..." pág. 10 y ss.

[45] S.Th. III, 64, 8, ad 2.

[46] "De Maritain..." pág.10 (subrayado nuestro).

[47] Id., pág.13.

[48] Pontificia Comisión Bíblica. "La Interpretación de la Biblia en la Iglesia", 15-4-93, Roma; cfr. cap I, F.

[49] Cfr. " De Maritain...", pág.31.

[50] Juan M. Igartúa, La esperanza ecuménica de la Iglesia, 2 tomos, Ed. B.A.C., Madrid, 1970, passim.

[51] Carlos Ignacio Massini, "El renacer de las ideologías”, Ed. Idearum, 1984, pág. 50.

[52] Glosa a I Co.12,3; cit. por Santo Tomás, De Veritate, q.1, a.8, sed contra y Super evangelium; Johannis, cap.14, lec.4: "Omne verum a quocumque dicatur a Spiritu sancto est".

[53] Super I ad Cor. 11, cap. 12, lec. 1: "nullus potest dicere quodcumque verum, nisi a Spiritu sancto motus, qui est Spiritus veritatis"

[54] In II Sententiarum, dist. 28, q.1, a.5, ad 1m: "nec cognitio veritatis est nisi in Spiritus sancto, qui in intellectu operatur, et ipsum conservat".

[55] Reportaciones ineditae Leonine, n° 3, cap.12, v.3: "Quia omne verum et omne bonum est a Spiritu sancto"

[56] "De Maritain ...", p4.1.

[57] Cfr. Santo Tomás, Catena Aurea in Marcum cap.1, lc.11.

[58] "Non autem diversum putetur, quod cum ibi positum sit, omnes qui sunt in monumentumis, hic non ait Propheta, omnes; sed multi dormierunt in terra aggere. Ponit enim aliquando Scriptura pro omnibus multos. Propterea et Abrahae dictum est, patrem multarum omnes gentes", San Agustín, de Civitate Dei, lib. XX, cap. 23, Ed. B.A.C., Madrid 1978, tomo 2°, p.719.

[59] "Ad secundum dicendum, quod Augustinus, exponit, multi, idest omnes; et hic modus loquendi frequenter invenitur in Sacra Scriptura", In IV Sententiarum, d.43, q.1, art.1.

[60] 'Per hoc autem quod dicit multos, omnes oportet inteligere iuxta Scripturae consuetudinem", Catena Aurea in Marcum, cap.1, lc.11.

[61] “Per inoboedientiam unius hominis pecatores constituti sunt multi, id est omnes qui ab eo nascuntur secundum rationem seminalem", Super Ep. Romanos cap. 5, lc. 5.

[62] "pro multis, et pro omnibus quia si consideretur sufficientia ipse es propitiatio pro peccatis nostris: no pro nostris autem tantum, sed et pro totius mundi", Super Evangelium Matthaei cp. 26, lc.4.

[63] Cfr. S.Th., III, q.83, a.3, obj. 8: "effundetur pro omnibus aut pro multis”.

[64] "Per hoc autem quod dicit plurimam, intelegit omnem; sed utitur hoc modo loquendi propter philosophicum temperamentum", In Libros de Caelo et Mundo Lib.3, lc. 1, n.4.

[65] "De Maritain... ", pag.6.

[66] Id.

[67] In IV Sententiarum, d.43, q.1, art.l.

[68] "De Maritain... ", pag.8.

[69] S.Th. III, q.78, a. 5.

[70] Diccionario Latino-Español Etimológico, de D. Raimundo de Miguel y el Marques de Morante, pág.340.

[71] Cfr. Lc 4,23.

[72] Santo Tomás, Contra errores Graecorum, n.1079: "...manifeste unitatem corporis mystice dissolvunt: non enim potest esse unum corpus, si non fuerit unum caput, neque una congregatio, si non fuerit unus rector; unde Ioan.X,16 dicitur: Fiet ununs ovile et unus pastor". (¿Será irenista Santo Tomás por utilizar Jn 10,16?).

[73] San Agustín, "De corpore et sanguine anime” c.12: "Intra Eclesiam Catholicam, in misterio corporis et sanguinis Domini, nihil a bono maius, nihil a malo minus perficitur sacerdote..."; cfr., Sto.Tomás, S.Th. III. q.82, a.5; cfr. S.S. Papa Inocencio III, Profesión de fe propuesta a Durando de Huesca y a sus compañeros valdenses, Dz.424.

[74] De ellos habló entre otros el gran Papa Pío XII, Divino afflante Spiritu, Dz. 2294.

[75] Concilio de Trento, San Pío X, "Decreto Lamentabili", del 3 de julio de 1907, Dz. 783; 2021.

[76] Cfr. notas 51 a 54.

[77] Constitución dogmática Dei Filius, del 24 de abril de 1870, EB. n.71.

[78] De Tuya-Salguero, Introducción a la Biblia, BAC., Madrid 1967, pág.40.

[79] Ejercicios Espirituales n° 22.

[80] Citado por San Ignacio, Ejercicios Espirituales, n° 351: "nec propter te incepi, nec propter te finiam".

[81] Cfr. "De Maritain ..." pág. 40.

[82] Cfr. Mt 23,3.

[83] Cfr. II Co 13,8.

lunes 8 de febrero de 2010

G.K. Chesterton: The Everlasting Man

Recomendamos el libro "The Everlasting Man" de G.K. Chesterton.



Y lo pueden leer aquí



Lo sentimos, está en inglés y traducirlo nos demandaría demasiado tiempo.

C.S. Lewis: del teísmo al cristianismo

El siguiente video se encuentra colgado en youtube aunque está cortado y empieza desde donde Lewis dice: "It must be understood that my conversion at that point was only to theism pure and simple" (Se debe entender que mi conversión hasta ese punto era sólo al teísmo puro y simple).

Como a este blog no le interesa mantener ninguna pose de intelectual y se preocupa porque TODAS "las ovejas de Cristo no padezcan hambre" (y por las futuras ovejas)publicamos la transcripción del video original y nuestra propia traducción al castellano.

Las objeciones de Lewis pueden servirle al católico.












Narrator: God was not an illusion to C.S. Lewis.
In 1931, he had converted to belief in God. He was a commanding presence in tutorials and in the lecture halls of Magdalen College. But beneath the outward mask of confidence and professional success, he still struggled with his faith.

Lewis: I am appalled to see how much of the change I had thought I had undergone lately was only imaginary. For the first time I examined myself with a serious practical purpose, and there I found a zoo of lusts, a bedlam of ambitions.

Gilbert Bond: Lewis still was very much aware of his own flaws, his shortcomings, his short temper, his impatience, you know, with ignorance, uh, his lack of charity toward other human beings, but he was aware that he was called to be differently with them.

Lewis: Depth under depth of self-love and self-admiration. Pride! It was through Pride that the Devil became the Devil; it is the complete anti-God state of mind. Pride is essentially competitive in a way the other vices are not. Pride is a spiritual cancer. It is my besetting sin.

... The real work seems still to be done.

Peter Kreeft: When Lewis first converted, he wasn't happy because the first thing that happened to him was the realization that God was God and that he was not his own God. God was a transcendental interferer, barging into Lewis's life and saying, "You're not God, I am God."

Lewis: It must be understood that my conversion at that point was only to theism pure and simple. I knew nothing yet about the incarnation. The God to whom I surrendered was sheerly non-human.

Narrator: Lewis believed there was a God — but he did not yet have a specific way to worship him. He was attracted to Hinduism and Christianity.

Kreeft: I think Lewis made the conventional objection to Christianity that it's so much like other religions, dying and rising gods, and redemption from sin, and the triumph of life over death. These seem to be common patterns so they could be explained psychologically instead of historically. And then one of his friends who was an atheist, who looked at the life of Christ and said, "Rum thing. Seems to have really happened once." And that shocked Lewis.

Lewis: If he, the cynic of cynics, the toughest of toughs, were not — as I would still have put it — safe, where could I turn? Was there then no escape?

James Como: He was reading G.K. Chesterton because Chesterton tells, in effect, the history of the world and how it was leading up to the incarnation.

Lewis: [Reading from Chesterton] A great man knows he is not God and the greater he is, the better he knows it. The gospels declare that this mysterious maker of the world has visited his world in person. The most that any religious prophet has said was that he was the true servant of such a being. But if the creator was present in the daily life of the Roman empire, that is something unlike anything else in nature. It is the one great startling statement that man has made since he spoke his first articulate word. It makes dust and nonsense of comparative religion.

Bond: He begins to read the New Testament in Greek, he begins to understand that the New Testament is not just a set of stories, but actually a witness to the presence of a historical human being who embodied the spirit of God. That this person did not sin. And so this was only possible if this person truly was God in human form. The claims that Christians believe actually came from Jesus, are either absolutely true and this argument stems from Chesterton, either absolutely true or Jesus needs to be confined to the lunatic fringe.

Kreeft: To believe in some sort of a God is fairly comfortable. It's more inconvenient to believe in a God who is so specific and so particular that you can say, "There he is in history, there are his words, there are my responsibilities, I can't make it up.

Lewis: As I drew near to Christianity, I felt a resistance almost as strong as my previous resistance to theism. As strong but shorter lived for I understood it better. But each step, one had less chance to call one's soul one's own.

Hooper: Lewis simply did not understand what Christ fitted into it. Until finally that night in 1931, he had invited Tolkien and Hugo Dyson, two of his closest friends, to Magdalen College. It was a windy night, they went along before dinner, they walked along Addison's Walk talking about mythology. They stayed up till 4:00 AM and Tolkien did his work well.

Lewis: What Tolkien showed me was this — that if I met the idea of sacrifice in a pagan story I didn't mind it at all — I was mysteriously moved by it. The reason was that in pagan stories I was prepared to feel the myth as profound. Now the story of Christ is simply a true myth.

Colin Duriez: His imaginative questionings and his imaginative longings came together by focusing upon the Christian gospels, as outlined by Tolkien and Dyson.

James Como: He was a literary critic. And as such, he said, "I know myth when I see it, I know legend when I see it and I know an eye-witness account when I see it. I recognize metaphor when it's there. All of this is in the Bible. All of it is inspired. But far from all of it is literal history." Well Dyson and Tolkien pointed out that the only difference was we don't know that Osiris walked the earth. But Jesus left footprints. People saw him and talked about it.

Lewis: As we continued walking, we were interrupted by a rush of wind which came so suddenly on the still warm evening and sent so many leaves pattering down that we thought it was raining. We all held our breath, appreciating the ecstasy of such a moment.

James Como: I think it would be a mistake to think that argument converted C.S. Lewis. Because he thinks that we have to be oblique. We can't look at things directly. They escape us. This is what his attempt at introspection taught him. When you're thinking and now you start to think about your thinking — you're not thinking about the original object anymore, you know. I'm thinking about baseball, now I'm thinking about how I'm thinking about baseball, so now I'm not thinking about baseball, you see. Very elusive. So Lewis understood that we had to have an oblique approach, as he put it, you have to sneak past the watchful dragons of self-consciousness.


Lewis
: I know very well when but hardly how the final step was taken. I went with my brother to have a picnic at Whipsnade Zoo. We started in fog, but by the end of our journey the sun was shining. When we set out I did not believe that Jesus Christ is the Son of God and when we reached the zoo I did. I had not exactly spent the journey in thought. Nor in great emotion. It was more like when a man, after a long sleep, becomes aware that he is now awake. But what of Joy? To tell you the truth, the subject has lost nearly all interest for me since I became a Christian. It was valuable only as a pointer to something other and outer.

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Traducción propia del blog:


Narrador
: Dios no era una ilusión para C. S. Lewis. En 1931, se había convertido a la fe en Dios. Era una presencia imponente en tutorías y en las aulas del Magdalen Collage, pero bajo la máscara exterior de confianza y éxito profesional, él aún luchaba con su fe.

Lewis: Estoy consternado al ver cómo muchos de los cambios que pensaba que había experimentado recientemente sólo eran imaginarios. Por primera vez me he examinado a mí mismo con un fin práctico y serio y he encontré allí un zoológico de pasiones, un tumulto de ambiciones.

Gilbert Bond: Lewis todavía estaba muy consciente de su propia imperfección, sus defectos, su mal carácter, su impaciencia, ya sabes, con ignorancia, eh, su falta de caridad hacia los demás seres humanos, pero era consciente de que estaba llamado a ser diferente con ellos.


Lewis: Hundido en la profundidad del amor propio y la auto-admiración. Orgullo! Fue a través del orgullo que el diablo se convirtió en diablo, es el completo estado de mente anti-Dios. El orgullo es esencialmente competitivo en una manera que los otros vicios no lo son. El orgullo es un cáncer espiritual. Es el pecado que me domina.
... parece que el verdadero trabajo aún está por hacerse.


Peter Kreeft: Cuando Lewis se convierte al principio no estaba contento porque la primera cosa que le sucedió fue la comprensión de que Dios es Dios y que él no era su propio Dios. Dios era una interferencia trascendental que irrumpió en la vida de Lewis diciendo: "Tú no eres Dios, Yo soy Dios."

Lewis: Se debe entender que mi conversión hasta ese punto era sólo al teísmo puro y simple. Yo no sabía nada todavía sobre la encarnación. El Dios a quien me había entregado era solamente no-humano.

Narrador: Lewis creía que había un Dios - pero aún no tiene una forma específica para adorarle. Se sentía atraído por el hinduismo y el cristianismo.

Kreeft: Creo que Lewis planteó la acostumbrada objeción contra el cristianismo sobre que es tan parecida a otras religiones: muerte y elevación de dioses, redención del pecado, y triunfo de la vida sobre la muerte. Estas parecen ser las pautas comunes por las que se podría explicar psicológicamente en vez de históricamente. Y entonces uno de sus amigos ateos que investigó la vida de Cristo dijo: "Qué extraño. Parece haber ocurrido realmente." Y eso conmocionó a Lewis.

Lewis: Si él, el cínico de los cínicos, el más duro de los matones, no estaba seguro – tal como yo aún lo habría dicho -, a dónde podía recurrir? ¿No había entonces escapatoria?

James Como: El estaba leyendo a G.K. Chesterton, porque Chesterton escribe, en efecto, sobre la historia del mundo y de cómo fue guiada hasta la encarnación.

Lewis: [Leyendo a Chesterton] Un gran hombre sabe que él no es Dios, lo grande que es y el que mejor lo sabe. Los evangelios declaran que este misterioso hacedor del mundo ha visitado su mundo en persona. Lo máximo que cualquier otro profeta religioso ha dicho es que él era el siervo de tal ser. Pero si el creador estuvo presente en la vida cotidiana del Imperio Romano, que es algo desemejante a cualquier cosa en la naturaleza, esta es la más sorprendente afirmación que el hombre haya hecho desde que pronunció su primera palabra articulada. Se hace polvo y sin sentido la comparación con otra religión.

Bond: El empieza a leer el Nuevo Testamento en griego, empieza a comprender que el Nuevo Testamento no es simplemente un conjunto de historias, sino en realidad el testimonio de la presencia de un ser humano histórico, que encarna el espíritu de Dios y que esta persona no pecó. Y entonces esto sólo es posible si esta persona realmente era Dios en forma humana. La demanda de que la creencia cristiana en realidad proceden de Jesús, o son absolutamente ciertas y ese argumento es guiado por Chesterton, son absolutamente ciertas o Jesús debe ser confinado en la franja lunática.

Kreeft: Creer en algún tipo de Dios es bastante cómodo. Es más incómodo creer en un Dios que es tan específico y particular que usted puede decir: "Ahí está en la historia, son sus palabras, son mis responsabilidades, no puedo abandonarlo.
Lewis: Como ya me acerqué al cristianismo, sentí una resistencia casi tan fuerte como mi resistencia anterior al teísmo. Tan fuerte pero de vida más corta porque lo entendí mejor. Sin embargo a cada paso tenía menos posibilidades de llamar al alma como a una propiedad.

Hooper: Lewis simplemente no comprendía cómo Cristo encajaba en todo esto. Hasta que por fin esa noche, en 1931 había invitado a Tolkien y Hugo Dyson, dos de sus amigos más cercanos, a Magdalen College. Fue una noche de viento, fueron antes de la cena, caminaron a lo largo de Addison's Walk conversando sobre la mitología. Se quedaron hasta las 4:00 am y Tolkien hizo bien su trabajo.

Lewis: Lo que Tolkien me mostró fue esto - que si encontraba la idea del sacrificio en una historia pagana que no me importara en absoluto – yo estaba misteriosamente emocionado por esto. La explicación era que en las historias paganas yo me estaba preparando para percibir el mito a profundidad. Ahora la historia de Cristo es simplemente un mito verdadero.


Colin Duriez: Sus interrogantes y contemplaciones se juntaron al enfocarlos a los Evangelios cristianos, como se lo señalaron Tolkien y Dyson.

James Como: El fue un crítico literario. Y como tal, dijo, "reconozco el mito cuando lo veo, reconozco la leyenda cuando la veo, reconozco el reporte de un testigo ocular cuando lo veo, reconozco la metáfora cuando está allí. Todo esto está en la Biblia. Todo esto es inspirado. Pero fuera de todo esto la historia es literal. Bueno, Dyson y Tolkien señalaron que la única diferencia está en que no sabemos si Osiris ha pisado la tierra. Pero Jesús ha dejado huellas. La gente lo vio y habló sobre ello.

Lewis: A medida que seguimos caminando fuimos interrumpidos por una ráfaga de viento que llegó tan de repente en la noche caliente y envió tantas hojas que pensamos que estaba lloviendo. Todos contuvimos el aliento apreciando el éxtasis de ese momento.

James Como: Creo que sería un error pensar que el argumento convirtió a C.S. Lewis, porque él piensa que tenemos que ser oblicuos. No podemos mirar las cosas directamente. Se nos escapan. Esto es lo que su intento de introspección le enseñó. Cuando usted está pensando, y ahora usted empieza a pensar sobre su pensamiento- usted ya no está pensando en el objeto original. Estoy pensando en el béisbol, ahora estoy pensando en cómo estoy pensando en el béisbol, así que ahora no estoy pensando en el béisbol. Es muy esquivo. Así que Lewis entendía que teníamos un acceso indirecto, como él decía, hay que birlar a los dragones alertas de la auto-conciencia.

Lewis: Yo sé bien cuándo, pero difícilmente cómo se dio el paso final. Fui con mi hermano a un picnic al zoológico de Whipsnade. Empezamos con niebla pero al final de nuestro viaje el sol brillaba. Cuando salimos yo no creía que Jesucristo era el Hijo de Dios y cuando llegamos al zoológico lo creí. No había consumido el viaje en ese pensamiento. Ni en una gran emoción. Era más bien como cuando un hombre después de un largo sueño se da cuenta de que ahora está despierto. Pero, qué sobre el placer? A decir verdad para mí el tema había perdido casi todo el interés desde que me convertí en un cristiano. Era importante unicamente como un indicador hacia algo exterior.

domingo 7 de febrero de 2010

Pedagogía de Dios

Autor: blog Agua Viva








Aunque el Pseudo Dionisio señala que cuando se habla de Dios "son más verdaderas las negaciones que las afirmaciones", no podemos dejar de afirmar que es un gran pedagogo.


En el libro primero de los reyes (capítulo 19) encontramos al profeta Elías asustado y escondido en una cueva en el monte Horeb y Dios le dice: "Sal afuera y ponte en el monte ante Yavé. Y he aquí que va a pasar Yavé".


Delante de Elías pasó un viento fuerte y poderoso que rompía los montes y quebraba las peñas….pero Dios no estaba en el huracán.





Y vino tras el huracán un terremoto….pero Dios no estaba en el terremoto.






Después del terremoto vino un fuego…pero Dios no estaba en el fuego.







Tras el fuego vino una ligera, silenciosa, suave y amable brisa….Cuando Elías lo sintió se cubrió el rostro con su manto….Dios estaba en esa ligera y suave brisa.
















A partir de aquella aparición, aprendió el gran profeta a no ser violento (como el huracán) ni duro (como el terremoto) ni amenazador (como el fuego) sino suave y amable (como la brisa). (San Elías)

sábado 6 de febrero de 2010

Un sacerdote feliz

Una de las cosas que más apreciamos del padre Fortea es cuando dice que es feliz. Sí. Es sacerdote y es feliz. No es muy común escucharlo de un sacerdote.

Seguramente Fortea lo consigue porque como buen exorcista sabe que la humildad de corazón, de quien no espera nada, de quien no busca ser considerado, es una de las armas más poderosas que posee el creyente contra el mal.

El demonio tentó a Jesucristo ofreciéndole fama, poder, y gloria terrenal (Lc. 4, 5-6)

Quien de verdad es humilde de corazón y no espera nada ni busca ser considerado, ese tipo de tentaciones resbalan como en palo engrasado....es libre y por lo tanto es feliz.






Tomado de: blog del padre Fortea

Algo en lo que no insisto mucho en mi blog es en mi estado continuo, constante y perenne de felicidad. No quiero parecer presuntuoso, pero mi vida parece una secuela a capítulos de los primeros tres minutos de Sonrisas y lagrimas (The sound of the music). Claro que el mundo no es perfecto, por ejemplo en el ordenador en el que tecleo este post no hay tildes.

Pero lo cierto es que tengo todo lo que necesito, no ambiciono nada, y sólo le pido al Señor que me mantenga en esta situación de paz interior. De paz interior que observa el mundo que le rodea, y le gusta. La paz que mira al mundo y disfruta del mundo.

Normalmente cuando uno cuenta sus tristezas, resulta creíble. La tristeza resulta humilde. La felicidad, como mínimo, es sospechosa. En un cura mucho peor. El cura debería estar llorando todo el día las tristezas y sufrimientos del mundo.

Yo era feliz en Barbastro, lo fui en Pamplona, lo fui en Alcalá, lo soy en Roma. Dejo aparte lugares menores por donde he pasado. No todos han sido buenos conmigo. Pero lo mejor que hice con ellos fue olvidarlos. Los comencé a olvidar incluso antes de despedirme de ellos. El mundo es maravilloso, lo amo. Se necesitarían muchas vidas para vivirlo. Sólo tenemos una, eso lo hace más interesante.

Contra la tentación de "hacer carrera" en la Iglesia

Nuevamente Benedicto XVI nos alegra el día con sus exhortaciones.

EL PAPA PREVIENE CONTRA LA TENTACION DE "HACER CARRERA" EN LA IGLESIA

Como mencionamos en el post "La conversión de un sacerdote" publicado el 24 de noviembre del año pasado:

"Que este valiente testimonio sirva para ayudar a los hermanos sacerdotes que están más preocupados en puestos de honor, en escalar posiciones al interior de la Iglesia, corrompidos por la vanidad, el orgullo, y la sed de poder, en lugar de dedicarse a lo que es verdaderamente esencial."




Esta advertencia del Papa también se debe aplicar a los laicos que están detrás de un blog.

Lo que más necesitamos como Iglesia es LA VERDAD.

No verdades a medias, ni verdad sin caridad, porque quien obra de esa manera nos hace mucho daño, ya que verdad sin caridad es igual a justicia sin caridad.

Sólo así se podrá lograr una verdadera reforma de corazones en la Iglesia.

jueves 4 de febrero de 2010

Discurso del Papa en Ratisbona

Publicamos el discurso del Papa Benedicto XVI en Ratisbona que molestó tanto a los extremistas islámicos por referirse al emperador bizantino Manuel II Paleólogo tocando el tema de la yihad, la guerra santa, "seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: «Ninguna constricción en las cosas de fe» [ninguna violencia en cosas de fe]" y que "según los expertos es probablemente una de las suras del período inicial en el que Mahoma mismo aún no tenía poder", es decir, anterior a Mahoma. Es posible que eso fue lo que motivó al emperador a decir lo siguiente: «Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba».

Al parecer antes de Mahoma se predicaba "Ninguna constricción en las cosas de fe", después de Mahoma se predicó la conversión por medio de la espada. He ahí el meollo del asunto. Es una evidente contradicción.

El Papa citó parte de un diálogo ocurrido en Ankara (actual capital de Turquía), durante el invierno de 1391, entre el emperador Manuel II y un erudito persa, recogido en el diálogo 7 de la obra 26 diálogos con un persa en el cual el emperador argumentaba sobre el profeta Mahoma lo siguiente:


"Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba (...) Dios no goza de la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Quien por lo tanto quiere conducir a otro a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, no de la violencia ni de la amenaza. Para convencer a un alma razonable no es necesario disponer ni del propio brazo, ni de instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte."















Tomado de: www.vatican.va


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A MUNICH, ALTÖTTING Y RATISBONA
(9-14 DE SEPTIEMBRE DE 2006)

ENCUENTRO CON EL MUNDO DE LA CULTURA

DISCURSO DEL SANTO PADRE
EN LA UNIVERSIDAD DE RATISBONA

Martes 12 de septiembre de 2006

Fe, razón y universidad.
Recuerdos y reflexiones




Eminencias,
Rectores Magníficos,
Excelencias,
Ilustres señoras y señores:

Para mí es un momento emocionante encontrarme de nuevo en la universidad y poder impartir una vez más una lección magistral. Me hace pensar en aquellos años en los que, tras un hermoso período en el Instituto Superior de Freising, inicié mi actividad como profesor en la universidad de Bonn. Era el año 1959, cuando la antigua universidad tenía todavía profesores ordinarios. No había auxiliares ni dactilógrafos para las cátedras, pero se daba en cambio un contacto muy directo con los alumnos y, sobre todo, entre los profesores. Nos reuníamos antes y después de las clases en las salas de profesores. Los contactos con los historiadores, los filósofos, los filólogos y naturalmente también entre las dos facultades teológicas eran muy estrechos. Una vez cada semestre había un dies academicus, en el que los profesores de todas las facultades se presentaban ante los estudiantes de la universidad, haciendo posible así una experiencia de Universitas —algo a lo que hace poco ha aludido también usted, Señor Rector—; es decir, la experiencia de que, no obstante todas las especializaciones que a veces nos impiden comunicarnos entre nosotros, formamos un todo y trabajamos en el todo de la única razón con sus diferentes dimensiones, colaborando así también en la común responsabilidad respecto al recto uso de la razón: era algo que se experimentaba vivamente. Además, la universidad se sentía orgullosa de sus dos facultades teológicas. Estaba claro que también ellas, interrogándose sobre la racionabilidad de la fe, realizan un trabajo que forma parte necesariamente del conjunto de la Universitas scientiarum, aunque no todos podían compartir la fe, a cuya correlación con la razón común se dedican los teólogos. Esta cohesión interior en el cosmos de la razón no se alteró ni siquiera cuando, en cierta ocasión, se supo que uno de los profesores había dicho que en nuestra universidad había algo extraño: dos facultades que se ocupaban de algo que no existía: Dios. En el conjunto de la universidad estaba fuera de discusión que, incluso ante un escepticismo tan radical, seguía siendo necesario y razonable interrogarse sobre Dios por medio de la razón y que esto debía hacerse en el contexto de la tradición de la fe cristiana.


Recordé todo esto recientemente cuando leí la parte, publicada por el profesor Theodore Khoury (Münster), del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez en los cuarteles de invierno del año 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y sobre la verdad de ambos.[1] Probablemente fue el mismo emperador quien anotó ese diálogo durante el asedio de Constantinopla entre 1394 y 1402. Así se explica que sus razonamientos se recojan con mucho más detalle que las respuestas de su interlocutor persa.[2] El diálogo abarca todo el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán, y se detiene sobre todo en la imagen de Dios y del hombre, pero también, cada vez más y necesariamente, en la relación entre las «tres Leyes», como se decía, o «tres órdenes de vida»: Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y Corán. No quiero hablar ahora de ello en este discurso; sólo quisiera aludir a un aspecto —más bien marginal en la estructura de todo el diálogo— que, en el contexto del tema «fe y razón», me ha fascinado y que servirá como punto de partida para mis reflexiones sobre esta materia.


En el séptimo coloquio (διάλεξις, controversia), editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la yihad, la guerra santa. Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: «Ninguna constricción en las cosas de fe». Según dice una parte de los expertos, es probablemente una de las suras del período inicial, en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en detalles, como la diferencia de trato entre los que poseen el «Libro» y los «incrédulos», con una brusquedad que nos sorprende, brusquedad que para nosotros resulta inaceptable, se dirige a su interlocutor llanamente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia en general, diciendo: «Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba».[3] El emperador, después de pronunciarse de un modo tan duro, explica luego minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo insensato. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. «Dios no se complace con la sangre —dice—; no actuar según la razón (συν λόγω) es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas... Para convencer a un alma racional no hay que recurrir al propio brazo ni a instrumentos contundentes ni a ningún otro medio con el que se pueda amenazar de muerte a una persona».[4]



En esta argumentación contra la conversión mediante la violencia, la afirmación decisiva es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios.[5] El editor, Theodore Khoury, comenta: para el emperador, como bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. En cambio, para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está vinculada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de la racionabilidad.[6] En este contexto, Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien observa que Ibn Hazm llega a decir que Dios no estaría vinculado ni siquiera por su propia palabra y que nada le obligaría a revelarnos la verdad. Si él quisiera, el hombre debería practicar incluso la idolatría. [7]


A este propósito se presenta un dilema en la comprensión de Dios, y por tanto en la realización concreta de la religión, que hoy nos plantea un desafío muy directo. La convicción de que actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios, ¿es solamente un pensamiento griego o vale siempre y por sí mismo? Pienso que en este punto se manifiesta la profunda consonancia entre lo griego en su mejor sentido y lo que es fe en Dios según la Biblia. Modificando el primer versículo del libro del Génesis, el primer versículo de toda la sagrada Escritura, san Juan comienza el prólogo de su Evangelio con las palabras: «En el principio ya existía el Logos». Ésta es exactamente la palabra que usa el emperador: Dios actúa «συν λόγω», con logos. Logos significa tanto razón como palabra, una razón que es creadora y capaz de comunicarse, pero precisamente como razón. De este modo, san Juan nos ha brindado la palabra conclusiva sobre el concepto bíblico de Dios, la palabra con la que todos los caminos de la fe bíblica, a menudo arduos y tortuosos, alcanzan su meta, encuentran su síntesis. En el principio existía el logos, y el logos es Dios, nos dice el evangelista. El encuentro entre el mensaje bíblico y el pensamiento griego no era una simple casualidad. La visión de san Pablo, ante quien se habían cerrado los caminos de Asia y que en sueños vio un macedonio que le suplicaba: «Ven a Macedonia y ayúdanos» (cf. Hch 16, 6-10), puede interpretarse como una expresión condensada de la necesidad intrínseca de un acercamiento entre la fe bíblica y el filosofar griego.


En realidad, este acercamiento había comenzado desde hacía mucho tiempo. Ya el nombre misterioso de Dios pronunciado en la zarza ardiente, que distingue a este Dios del conjunto de las divinidades con múltiples nombres, y que afirma de él simplemente «Yo soy», su ser, es una contraposición al mito, que tiene una estrecha analogía con el intento de Sócrates de batir y superar el mito mismo. [8] El proceso iniciado en la zarza llega a un nuevo desarrollo, dentro del Antiguo Testamento, durante el destierro, donde el Dios de Israel, entonces privado de la tierra y del culto, se proclama como el Dios del cielo y de la tierra, presentándose con una simple fórmula que prolonga aquellas palabras oídas desde la zarza: «Yo soy». Juntamente con este nuevo conocimiento de Dios se da una especie de Ilustración, que se expresa drásticamente con la burla de las divinidades que no son sino obra de las manos del hombre (cf. Sal 115). De este modo, a pesar de toda la dureza del desacuerdo con los soberanos helenísticos, que querían obtener con la fuerza la adecuación al estilo de vida griego y a su culto idolátrico, la fe bíblica, durante la época helenística, salía desde sí misma al encuentro de lo mejor del pensamiento griego, hasta llegar a un contacto recíproco que después tuvo lugar especialmente en la literatura sapiencial tardía. Hoy sabemos que la traducción griega del Antiguo Testamento —la de «los Setenta»—, que se hizo en Alejandría, es algo más que una simple traducción del texto hebreo (la cual tal vez podría juzgarse poco positivamente); en efecto, es en sí mismo un testimonio textual y un importante paso específico de la historia de la Revelación, en el cual se realizó este encuentro de un modo que tuvo un significado decisivo para el nacimiento y difusión del cristianismo.[9] En el fondo, se trata del encuentro entre fe y razón, entre auténtica ilustración y religión. Partiendo verdaderamente de la íntima naturaleza de la fe cristiana y, al mismo tiempo, de la naturaleza del pensamiento griego ya fusionado con la fe, Manuel II podía decir: No actuar «con el logos» es contrario a la naturaleza de Dios.


Por honradez, sobre este punto es preciso señalar que, en la Baja Edad Media, hubo en la teología tendencias que rompen esta síntesis entre espíritu griego y espíritu cristiano. En contraste con el llamado intelectualismo agustiniano y tomista, Juan Duns Escoto introdujo un planteamiento voluntarista que, tras sucesivos desarrollos, llevó finalmente a afirmar que sólo conocemos de Dios la voluntas ordinata. Más allá de ésta existiría la libertad de Dios, en virtud de la cual habría podido crear y hacer incluso lo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho. Aquí se perfilan posiciones que pueden acercarse a las de Ibn Hazm y podrían llevar incluso a una imagen de Dios-Arbitrio, que no está vinculado ni siquiera con la verdad y el bien. La trascendencia y la diversidad de Dios se acentúan de una manera tan exagerada, que incluso nuestra razón, nuestro sentido de la verdad y del bien, dejan de ser un auténtico espejo de Dios, cuyas posibilidades abismales permanecen para nosotros eternamente inaccesibles y escondidas tras sus decisiones efectivas. En contraste con esto, la fe de la Iglesia se ha atenido siempre a la convicción de que entre Dios y nosotros, entre su eterno Espíritu creador y nuestra razón creada, existe una verdadera analogía, en la que ciertamente —como dice el IV concilio de Letrán en 1215— las diferencias son infinitamente más grandes que las semejanzas, pero sin llegar por ello a abolir la analogía y su lenguaje. Dios no se hace más divino por el hecho de que lo alejemos de nosotros con un voluntarismo puro e impenetrable, sino que, más bien, el Dios verdaderamente divino es el Dios que se ha manifestado como logos y ha actuado y actúa como logos lleno de amor por nosotros. Ciertamente el amor, como dice san Pablo, «rebasa» el conocimiento y por eso es capaz de percibir más que el simple pensamiento (cf. Ef 3, 19); sin embargo, sigue siendo el amor del Dios-Logos, por lo cual el culto cristiano, como dice también san Pablo, es «λογικη λατρεία», un culto que concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón (cf. Rm 12, 1). [10]


Este acercamiento interior recíproco que se ha dado entre la fe bíblica y el planteamiento filosófico del pensamiento griego es un dato de importancia decisiva, no sólo desde el punto de vista de la historia de las religiones, sino también del de la historia universal, que también hoy hemos de considerar. Teniendo en cuenta este encuentro, no sorprende que el cristianismo, no obstante haber tenido su origen y un importante desarrollo en Oriente, haya encontrado finalmente su impronta decisiva en Europa. Y podemos decirlo también a la inversa: este encuentro, al que se une sucesivamente el patrimonio de Roma, creó a Europa y permanece como fundamento de lo que, con razón, se puede llamar Europa.


A la tesis según la cual el patrimonio griego, críticamente purificado, forma parte integrante de la fe cristiana se opone la pretensión de la deshelenización del cristianismo, la cual domina cada vez más las discusiones teológicas desde el inicio de la época moderna. Si se analiza con atención, en el programa de la deshelenización pueden observarse tres etapas que, aunque vinculadas entre sí, se distinguen claramente una de otra por sus motivaciones y sus objetivos.[11]


La deshelenización surge inicialmente en conexión con los postulados de la Reforma del siglo XVI. Respecto a la tradición teológica escolástica, los reformadores se vieron ante una sistematización de la teología totalmente dominada por la filosofía, es decir, por una articulación de la fe basada en un pensamiento ajeno a la fe misma. Así, la fe ya no aparecía como palabra histórica viva, sino como un elemento insertado en la estructura de un sistema filosófico. El principio de la sola Scriptura, en cambio, busca la forma pura primordial de la fe, tal como se encuentra originariamente en la Palabra bíblica. La metafísica se presenta como un presupuesto que proviene de otra fuente y del cual se debe liberar a la fe para que ésta vuelva a ser totalmente ella misma. Kant, con su afirmación de que había tenido que renunciar a pensar para dejar espacio a la fe, desarrolló este programa con un radicalismo no previsto por los reformadores. De este modo, ancló la fe exclusivamente en la razón práctica, negándole el acceso a la realidad plena.


La teología liberal de los siglos XIX y XX supuso una segunda etapa en el programa de la deshelenización, cuyo representante más destacado es Adolf von Harnack. En mis años de estudiante y en los primeros de mi actividad académica, este programa ejercía un gran influjo también en la teología católica. Se utilizaba como punto de partida la distinción de Pascal entre el Dios de los filósofos y el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. En mi discurso inaugural en Bonn, en 1959, traté de afrontar este asunto [12] y no quiero repetir aquí todo lo que dije en aquella ocasión. Sin embargo, me gustaría tratar de poner de relieve, al menos brevemente, la novedad que caracterizaba esta segunda etapa de deshelenización respecto a la primera. La idea central de Harnack era simplemente volver al hombre Jesús y a su mero mensaje, previo a todas las elucubraciones de la teología y, precisamente, también de las helenizaciones: este mensaje sin añadidos constituiría la verdadera culminación del desarrollo religioso de la humanidad. Jesús habría acabado con el culto sustituyéndolo con la moral. En definitiva, se presentaba a Jesús como padre de un mensaje moral humanitario. En el fondo, el objetivo de Harnack era hacer que el cristianismo estuviera en armonía con la razón moderna, librándolo precisamente de elementos aparentemente filosóficos y teológicos, como por ejemplo la fe en la divinidad de Cristo y en la trinidad de Dios. En este sentido, la exégesis histórico-crítica del Nuevo Testamento, según su punto di vista, vuelve a dar a la teología un puesto en el cosmos de la universidad: para Harnack, la teología es algo esencialmente histórico y, por tanto, estrictamente científico. Lo que investiga sobre Jesús mediante la crítica es, por decirlo así, expresión de la razón práctica y, por consiguiente, puede estar presente también en el conjunto de la universidad. En el trasfondo de todo esto subyace la autolimitación moderna de la razón, clásicamente expresada en las «críticas» de Kant, aunque radicalizada ulteriormente entre tanto por el pensamiento de las ciencias naturales. Este concepto moderno de la razón se basa, por decirlo brevemente, en una síntesis entre platonismo (cartesianismo) y empirismo, una síntesis corroborada por el éxito de la técnica. Por una parte, se presupone la estructura matemática de la materia, su racionalidad intrínseca, por decirlo así, que hace posible comprender cómo funciona y puede ser utilizada: este presupuesto de fondo es en cierto modo el elemento platónico en la comprensión moderna de la naturaleza. Por otra, se trata de la posibilidad de explotar la naturaleza para nuestros propósitos, en cuyo caso sólo la posibilidad de verificar la verdad o falsedad mediante la experimentación ofrece la certeza decisiva. El peso entre los dos polos puede ser mayor o menor entre ellos, según las circunstancias. Un pensador tan drásticamente positivista como J. Monod se declaró platónico convencido.


Esto implica dos orientaciones fundamentales decisivas para nuestra cuestión. Sólo el tipo de certeza que deriva de la sinergia entre matemática y método empírico puede considerarse científica. Todo lo que pretenda ser ciencia ha de atenerse a este criterio. También las ciencias humanas, como la historia, la psicología, la sociología y la filosofía, han tratado de aproximarse a este canon de valor científico. Además, es importante para nuestras reflexiones constatar que este método en cuanto tal excluye el problema de Dios, presentándolo como un problema a-científico o pre-científico. Pero de este modo nos encontramos ante una reducción del ámbito de la ciencia y de la razón que es preciso poner en discusión.


Volveré más tarde sobre este argumento. Por el momento basta tener presente que, desde esta perspectiva, cualquier intento de mantener la teología como disciplina «científica» dejaría del cristianismo únicamente un minúsculo fragmento. Pero hemos de añadir más: si la ciencia en su conjunto es sólo esto, entonces el hombre mismo sufriría una reducción, pues los interrogantes propiamente humanos, es decir, de dónde viene y a dónde va, los interrogantes de la religión y de la ética, no pueden encontrar lugar en el espacio de la razón común descrita por la «ciencia» entendida de este modo y tienen que desplazarse al ámbito de lo subjetivo. El sujeto, basándose en su experiencia, decide lo que considera admisible en el ámbito religioso y la «conciencia» subjetiva se convierte, en definitiva, en la única instancia ética. Pero, de este modo, el ethos y la religión pierden su poder de crear una comunidad y se convierten en un asunto totalmente personal. La situación que se crea es peligrosa para la humanidad, como se puede constatar en las patologías que amenazan a la religión y a la razón, patologías que irrumpen por necesidad cuando la razón se reduce hasta el punto de que ya no le interesan las cuestiones de la religión y de la ética. Lo que queda de esos intentos de construir una ética partiendo de las reglas de la evolución, de la psicología o de la sociología, es simplemente insuficiente.


Antes de llegar a las conclusiones a las que conduce todo este razonamiento, quiero referirme brevemente a la tercera etapa de la deshelenización, que se está difundiendo actualmente. Teniendo en cuenta el encuentro entre múltiples culturas, se suele decir hoy que la síntesis con el helenismo en la Iglesia antigua fue una primera inculturación, que no debería ser vinculante para las demás culturas. Éstas deberían tener derecho a volver atrás, hasta el momento previo a dicha inculturación, para descubrir el mensaje puro del Nuevo Testamento e inculturarlo de nuevo en sus ambientes respectivos. Esta tesis no es del todo falsa, pero sí rudimentaria e imprecisa. En efecto, el Nuevo Testamento fue escrito en griego e implica el contacto con el espíritu griego, un contacto que había madurado en el desarrollo precedente del Antiguo Testamento. Ciertamente, en el proceso de formación de la Iglesia antigua hay elementos que no deben integrarse en todas las culturas. Sin embargo, las opciones fundamentales que atañen precisamente a la relación entre la fe y la búsqueda de la razón humana forman parte de la fe misma, y son un desarrollo acorde con su propia naturaleza.


Llego así a la conclusión. Este intento de crítica de la razón moderna desde su interior, expuesto sólo a grandes rasgos, no comporta de manera alguna la opinión de que hay que regresar al período anterior a la Ilustración, rechazando de plano las convicciones de la época moderna. Se debe reconocer sin reservas lo que tiene de positivo el desarrollo moderno del espíritu: todos nos sentimos agradecidos por las maravillosas posibilidades que ha abierto al hombre y por los progresos que se han logrado en la humanidad. Por lo demás, la ética de la investigación científica —como ha aludido usted, Señor Rector Magnífico—, debe implicar una voluntad de obediencia a la verdad y, por tanto, expresar una actitud que forma parte de los rasgos esenciales del espíritu cristiano. La intención no es retroceder o hacer una crítica negativa, sino ampliar nuestro concepto de razón y de su uso. Porque, a la vez que nos alegramos por las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad, vemos también los peligros que surgen de estas posibilidades y debemos preguntarnos cómo podemos evitarlos. Sólo lo lograremos si la razón y la fe se reencuentran de un modo nuevo, si superamos la limitación que la razón se impone a sí misma de reducirse a lo que se puede verificar con la experimentación, y le volvemos a abrir sus horizonte en toda su amplitud. En este sentido, la teología, no sólo como disciplina histórica y ciencia humana, sino como teología auténtica, es decir, como ciencia que se interroga sobre la razón de la fe, debe encontrar espacio en la universidad y en el amplio diálogo de las ciencias.


Sólo así seremos capaces de entablar un auténtico diálogo entre las culturas y las religiones, del cual tenemos urgente necesidad. En el mundo occidental está muy difundida la opinión según la cual sólo la razón positivista y las formas de la filosofía derivadas de ella son universales. Pero las culturas profundamente religiosas del mundo consideran que precisamente esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón constituye un ataque a sus convicciones más íntimas. Una razón que sea sorda a lo divino y relegue la religión al ámbito de las subculturas, es incapaz de entrar en el diálogo de las culturas. Con todo, como he tratado de demostrar, la razón moderna propia de las ciencias naturales, con su elemento platónico intrínseco, conlleva un interrogante que va más allá de sí misma y que trasciende las posibilidades de su método. La razón científica moderna ha de aceptar simplemente la estructura racional de la materia y la correspondencia entre nuestro espíritu y las estructuras racionales que actúan en la naturaleza como un dato de hecho, en el cual se basa su método. Ahora bien, la pregunta sobre el por qué existe este dato de hecho, la deben plantear las ciencias naturales a otros ámbitos más amplios y altos del pensamiento, como son la filosofía y la teología. Para la filosofía y, de modo diferente, para la teología, escuchar las grandes experiencias y convicciones de las tradiciones religiosas de la humanidad, especialmente las de la fe cristiana, constituye una fuente de conocimiento; oponerse a ella sería una grave limitación de nuestra escucha y de nuestra respuesta. Aquí me vienen a la mente unas palabras que Sócrates dijo a Fedón. En los diálogos anteriores se habían expuesto muchas opiniones filosóficas erróneas; y entonces Sócrates dice: «Sería fácilmente comprensible que alguien, a quien le molestaran todas estas opiniones erróneas, desdeñara durante el resto de su vida y se burlara de toda conversación sobre el ser; pero de esta forma renunciaría a la verdad de la existencia y sufriría una gran pérdida». [13] Occidente, desde hace mucho, está amenazado por esta aversión a los interrogantes fundamentales de su razón, y así sólo puede sufrir una gran pérdida. La valentía para abrirse a la amplitud de la razón, y no la negación de su grandeza, es el programa con el que una teología comprometida en la reflexión sobre la fe bíblica entra en el debate de nuestro tiempo. «No actuar según la razón, no actuar con el logos es contrario a la naturaleza de Dios», dijo Manuel II partiendo de su imagen cristiana de Dios, respondiendo a su interlocutor persa. En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a este gran logos, a esta amplitud de la razón. Redescubrirla constantemente por nosotros mismos es la gran tarea de la universidad.


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Notas

[1] De los 26 coloquios (διάλεξις. Khoury traduce «controversia») del diálogo («Entretien»), Th. Khoury ha publicado la 7ª «controversia» con notas y una amplia introducción sobre el origen del texto, la tradición manuscrita y la estructura del diálogo, junto con breves resúmenes de las «controversias» no editadas; el texto griego va acompañado de una traducción francesa: Manuel II Paleólogo, Entretiens avec un Musulman. 7e controverse, Sources chrétiennesn. 115, París 1966. Mientras tanto, Karl Förstel ha publicado en el Corpus Islamico-Christianum (Series Graeca. Redacción de A. Th. Khoury – R. Glei) una edición comentada greco-alemana del texto: Manuel II. Palaiologus, Dialoge mit einem Muslim, 3 vols., Würzburg-Altenberge 1993-1996. Ya en 1966 E. Trapp había publicado el texto griego con una introducción como volumen II de los Wiener byzantinische Studien. Citaré a continuación según Khoury.

[2] Sobre el origen y la redacción del diálogo puede consultarse Khoury, pp. 22-29; amplios comentarios a este respecto pueden verse también en las ediciones de Förstel y Trapp.

[3] Controversia VII 2c: Khoury, pp. 142-143; Förstel, vol. I, VII. Dialog 1.5, pp. 240-241. Lamentablemente, esta cita ha sido considerada en el mundo musulmán como expresión de mi posición personal, suscitando así una comprensible indignación. Espero que el lector de mi texto comprenda inmediatamente que esta frase no expresa mi valoración personal con respecto al Corán, hacia el cual siento el respeto que se debe al libro sagrado de una gran religión. Al citar el texto del emperador Manuel II sólo quería poner de relieve la relación esencial que existe entre la fe y la razón. En este punto estoy de acuerdo con Manuel II, pero sin hacer mía su polémica.

[4] Controversia VII 3 b-c: Khoury, pp. 144-145; Förstel vol. I, VII. Dialog 1.6, pp. 240-243.

[5] Solamente por esta afirmación cité el diálogo entre Manuel II y su interlocutor persa. Ella nos ofrece el tema de mis reflexiones sucesivas.

[6] Cf. Khoury, o.c., p. 144, nota 1.

[7] R. Arnaldez, Grammaire et théologie chez Ibn Hazm de Cordoue, París 1956, p. 13; cf. Khoury, p. 144. En el desarrollo ulterior de mi discurso se pondrá de manifiesto cómo en la teología de la Baja Edad Media existen posiciones semejantes.

[8] Para la interpretación ampliamente discutida del episodio de la zarza que ardía sin consumirse, quisiera remitir a mi libro Einführung in das Christentum, Munich 1968, pp. 84-102. Creo que las afirmaciones que hago en ese libro, no obstante del desarrollo ulterior de la discusión, siguen siendo válidas.

[9] Cf. A. Schenker, “L'Écriture sainte subsiste en plusieurs formes canoniques simultanées”, en: L'interpretazione della Bibbia nella Chiesa. Atti del Simposio promosso dalla Congregazione per la Dottrina della Fede, Ciudad del Vaticano 2001, pp. 178-186.

[10] Este tema lo he tratado más detalladamente en mi libro Der Geist der Liturgie. Eine Einführung, Friburgo 2000, pp. 38-42.

[11] De la abundante bibliografía sobre el tema de la deshelenización, quisiera mencionar especialmente: A. Grillmeier, “Hellenisierung – Judaisierung des Christentums als Deuteprinzipien der Geschichte des kirchlichen Dogmas”, en: Id., Mit ihm und in ihm. Christologische Forschungen und Perspecktiven, Friburgo 1975, pp. 423-488.

[12] Publicada y comentada de nuevo por Heino Sonnemanns (ed.): Joseph Ratzinger-Benedikt XVI, Der Gott des Glaubens und der Gott der Philosophen. Ein Beitrag zum Problem der theologia naturalis, Johannes-Verlag Leutesdorf, 2. ergänzte Auflage 2005.

[13] 90 c-d. Para este texto se puede ver también R. Guardini, Der Tod des Sokrates, Maguncia-Paderborn 19875, pp. 218-221.

miércoles 3 de febrero de 2010

Islam: La verdad de la historia

El siguiente artículo fue publicado en "El Corriere della Sera" tres días después del famoso discurso del Papa Benedicto XVI en Ratisbona.

Magdi Allam ha sido muy honesto y valiente al publicar este artículo. Es una verdad histórica que Mahoma marchó hacia La Meca con un ejército de más de 10.000 hombres.

No es por nada que Allam tiene que circular por Roma rodeado de guardaespaldas.

Algunos católicos consideraron poco prudente el discurso del Papa en Ratisbona. Nosotros más bien lo consideramos un gesto muy valiente.




Tomado de: Corriere della Sera



La verdad de la historia

Los musulmanes contra el Papa "Nos ha ofendido, que pida disculpas"

autor: Magdi Allam


Es lamentable y preocupante la imagen de los musulmanes que han dado vida a un frente internacional unificado para atacar al Papa y exigirle una disculpa pública. De Bin Laden a la Hermandad Musulmana, de Pakistán a Turquía, de Al Jazeera al Arabiya, ha revivido aquella alianza transversal y universal descubiertas durante el asunto de las caricaturas de Mahoma. Y que conste, inequívocamente, que la raíz del mal es una ciega ideología de odio imperante entre los musulmanes que violenta la fe y oscurece la mente. ¿Por qué los musulmanes, especialmente los llamados moderados, no se levantan con vehemencia contra los verdaderos y eternos profanadores del Islam, los terroristas islámicos que se masacran a sí mismos en nombre de Dios, los extremistas islámicos que justifican la destrucción de Israel e inculcan la fe en el llamado "martirio" islámico, pero ahora se sienten obligados a apoyar una "guerra santa" contra el líder de la Iglesia católica que expresa legítimamente su evaluación sobre el Islam, con respeto, pero también claramente la diversidad que naturalmente existe entre las dos religiones? Las consideraciones citadas por el Papa, citando al emperador bizantino Manuel II Paleólogo, la expansión del Islam por la espada, y por Mahoma en la Península Arábiga, también de parte de sus sucesores en el resto del mundo (con algunas excepciones) es un hecho histórico indiscutible. Esto queda demostrado por el propio Corán y la realidad de la conversión al Islam, de la totalidad del imperio bizantino en el este y el sur del Mediterráneo, además de la posterior expansión en el norte de Europa y Asia.


Negar la realidad histórica es simplemente una locura y sólo puede generar locura.

Recuerdo que uno de los más insignes personajes del islamismo contemporáneo, el egipcio Mohamed Said El Eshmawi, me dijo a mediados de los noventa que condenaba la conquista militar ejecutada por las tribus árabes de los países cristianos del Mediterráneo y que preferiría que el Islam se extendiera pacíficamente como sucedió en el sudeste asiático.

Bueno, el Papa está puesto en la picota y amenazado por decir lo que todos los musulmanes honestos y razonables deben aceptar: la realidad histórica. La lección que deja es que el Occidente y el cristianismo se detienen a examinar la causa de todo lo que sucede, para bien o para mal, dentro del Islam y el resto del mundo. La ideología del odio es una realidad ancestral que existe dentro del Islam desde su creación, por negarse a reconocer y respetar la pluralidad de las comunidades religiosas que son fisiológicas dada la subjetividad de la relación entre el creyente y Dios por la ausencia de un único referente espiritual que encarne el carácter absoluto espiritual del dogma de fe. Y es una realidad que, después de la derrota de los ejércitos árabes en la guerra de junio 5, 1967, se ha registrado un aumento inexorable en paralelo con el creciente poder de los extremistas islámicos de Irán en Indonesia. Ha dado como resultado la deriva del terrorismo islámico globalizado, que ha transformado a Occidente en una "fábrica de terroristas suicidas."

Esta es la trágica realidad de la ideología del odio que se las arregla para lograr un consenso entre todos los musulmanes del antiamericanismo obsesionado, del antioccidentalismo y la hostilidad hacia el derecho de Israel a la existencia. El pretexto que puede desencadenar su furia cambia, de la ocupación israelí a la guerra americana, de las viñetas de Mahoma a las declaraciones del Papa. Pero el problema es algo más profundo a un islam transformado por los extremistas, de una fe en Dios, en una ideología que pretende imponer un poder teocrático y totalitario sobre todos los que no piensan de ese modo. Y me asusta comprobar que incluso los llamados musulmanes moderados han renunciado al buen sentido de la razón y se hayan alineado con la "guerra santa", de la que ellos mismos serán las principales víctimas.

[traducción propia del blog sin permiso del autor]

martes 2 de febrero de 2010

Bernard-Henri Lévy en defensa de Benedicto XVI y Pío XII

¡Qué gusto da encontrar honestidad intelectual! rara avis en estos tiempos....

A partir de ahora inauguramos una nueva etiqueta en el blog llamado: "honestidad intelectual" porque queremos desde este humilde rincón de la red ensalzar esa forma de honestidad que escasea actualmente en todos los ámbitos y que tiene que ver con reconocer la verdad -aunque nos duela-.




Tomado de: forumvida.org


Desde el momento de su elección, el Papa, que ha retomado de forma irrevocable el diálogo judeocatólico, ha sido víctima de un juicio mediático y ha sufrido la continua manipulación de sus textos

A Benedicto XVI no se le puede acusar de haber congelado el proceso abierto por el papa Juan XXIII

El cardenal Pacelli, más tarde Pío XII, fue coautor de uno de los manifiestos antinazis más firmes y elocuentes

Nada más resultar elegido, el Papa ya fue objeto de un verdadero proceso mediático en el que se le tachaba machaconamente de "ultraconservador" (como si un Papa pudiera ser otra cosa que "conservador").

Luego vinieron las insistentes alusiones, cuando no las bromas pesadas, al "Papa alemán" y al "posnazi" con sotana, al que, ni cortos ni perezosos, los guiñoles de la tele apodaban Adolf II (y eso porque, como todos los niños y adolescentes de su edad, fue enrolado en las juventudes del régimen).

Más tarde le llegó el turno a la manipulación de los textos pura y dura. Por ejemplo, a propósito de su viaje a Auschwitz en 2006, hubo quien pretendió, y a medida que pasa el tiempo y los recuerdos se vuelven más vagos hay quien sigue pretendiendo -y repitiendo igual de machaconamente-, que el Papa se habría referido a los seis millones de muertos polacos como a víctimas de una simple "banda de criminales", sin precisar que la mitad de ellos eran judíos (en este caso, el infundio es apabullante, pues, en realidad, aquel día, Benedicto XVI habló de los "jerarcas del III Reich" que intentaron "aplastar" al "pueblo judío" y borrarlo de la faz de la Tierra -Le Monde del 30 de mayo de 2006-).

Y ahora, tras una visita a la sinagoga de Roma -a la que precedieron otras dos a las de Colonia y Nueva York-, la guinda la ha puesto el mismo coro de desinformadores, que esta vez ni siquiera ha esperado a que el Pontífice cruzara el Tíber para anunciar, urbi et orbi, que ni ha encontrado las palabras apropiadas, ni ha hecho los gestos adecuados, y, por tanto, ha fracasado...

Así que, como el acontecimiento es muy reciente, me voy a permitir poner algunos puntos sobre algunas íes.

Al recogerse ante la corona de rosas rojas depositada frente a la placa conmemorativa del martirio de los 1.021 judíos romanos deportados, Benedicto XVI no hizo sino cumplir con su deber, pero lo cumplió.

Al rendir homenaje a los "rostros" de los "hombres, mujeres y niños" arrestados en el marco del proyecto de "exterminio del pueblo de la Alianza de Moisés", Benedicto XVI dijo algo evidente, pero lo dijo.

Hay que dejar de repetir como loros que -cuando reproduce palabra por palabra los términos de la oración que Juan Pablo II pronunciara 10 años atrás en el Muro de las Lamentaciones, cuando pide "perdón" al pueblo judío pogromizado por el furor de un antisemitismo que durante mucho tiempo fue de origen católico, y lo pide, insisto, leyendo el propio texto de Juan Pablo II- Benedicto XVI hace menos que su predecesor.

Cuando declara, tras una segunda estación ante la inscripción conmemorativa del atentado cometido en 1982, en Roma, por unos extremistas palestinos, que el diálogo judeo-católico entablado por el Vaticano II es ya "irrevocable"; cuando anuncia que pretende "profundizar" y "desarrollar" el "debate entre iguales" que representa el debate con esos "hermanos mayores" que son los judíos, a Benedicto XVI se le puede acusar de todo lo que se quiera, pero no de "congelar" el proceso abierto por Juan XXIII.

Y luego, en cuanto al asunto de Pío XII... Si es necesario, me detendré en el caso de Pío XII, que es enormemente complejo.

Me detendré en el caso de Rolf Hochhuth, autor de la famosa obra El vicario, que abrió, en 1963, la polémica sobre los "silencios de Pío XII".

[nota del blogger:Rolf Hochhuth era protestante]

Me detendré, en particular, en el hecho de que este ardiente justiciero es también un conocido negacionista, condenado varias veces como tal, y cuya última provocación consistió en una entrevista, publicada hace cinco años en el semanario de extrema derecha Junge Freiheit, en la que defendía a David Irving, que niega la existencia de las cámaras de gas.

Por ahora, sólo quiero recordar, como acaba de hacer de nuevo Laurent Dispot en la revista que dirijo -La Règle du Jeu-, que, en 1937, el terrible Pío XII, que todavía era el cardenal Pacelli, fue coautor de la encíclica Con viva preocupación, que sigue siendo, aún hoy, uno de los manifiestos antinazis más firmes y elocuentes.

Por ahora, para restablecer la exactitud histórica hay que precisar que antes de optar por la acción clandestina, antes de abrir, sin decirlo, sus conventos a los judíos romanos perseguidos por los sicarios fascistas, el silencioso Pío XII pronunció unos discursos radiofónicos (por ejemplo, los de las navidades de 1941 y 1942) que después de su muerte le valdrían el homenaje de Golda Meir, que sabía lo que significa hablar y no dudó en declarar: "Durante los diez años del terror nazi, mientras nuestro pueblo sufría un martirio espantoso, el Papa alzó su voz para condenar a los verdugos".

Y, por ahora, lo asombroso es que todo el peso, o casi, del ensordecedor silencio que se hizo en el mundo entero alrededor de la Shoah recaiga sobre uno de los soberanos de aquel tiempo que: a) no tenía ni cañones ni aviones a su disposición; b) según la mayoría de los historiadores, no escatimó esfuerzos para compartir con aquellos que los tenían la información de la que disponía; c) salvó -sí, él-, tanto en Roma como en otros lugares, a un gran número de aquellos de los que se sentía responsable moralmente.

Último apunte en el Gran libro de la bajeza contemporánea: ya se trate de Pío o de Benedicto, se puede ser Papa y chivo expiatorio.


Traducción de José Luis Sánchez-Silva

Bernard-Henri Lévy y el Papa Juan Pablo II

El siguiente post fue publicado poco tiempo después de la petición de perdón en el Jubileo del 2000. No es común encontrar a un filósofo judío y agnóstico defendiendo a un Papa.

No gana absolutamente nada con esto, al contrario, puede perder mucho en una Europa cada vez más anti-cristiana.



Lo hemos tomado de un site católico que este blog recomienda ampliamente: la página de Miguel Ángel García del Olmo




Tomado de: http://personal5.iddeo.es/magolmo/bhlevy.htm





HA tenido que ser de nuevo un filósofo judío agnóstico, como es Bernard-Henri LÉVY, el que ha sido capaz de apreciar en toda su hondura el gesto inédito de Juan Pablo II pidiendo perdón a los hebreos en nombre de toda la Iglesia (anteriormente fue Alain Finkielkraut saliendo al paso desde las páginas de "Le Monde" a la artificial polémica suscitada por los grupos de siempre tras el anuncio de la beatificación del ejemplar cardenal croata Aloizije Stepinac.)



El primer medio en publicar el clarividente y honrado artículo de Lévy que reproduzco a continuación ha sido el muy leído diario laicista italiano "La Repubblica"; luego ha llegado a otros rotativos europeos, y en España lo ha dado a conocer la edición de "El Mundo" de anteayer sábado. Sólo puedo decir que lo he leído conteniendo la emoción y por momentos quizás también las lágrimas; pero ahora me cumple callar, no sin antes invitarles y animarles insistentemente a que lo lean también Vds. y a que lo mediten.















La gracia de Juan Pablo II



¿A qué se debe que las comunidades judías, en Francia y en otros sitios, hayan acogido con tanta frialdad el acto de arrepentimiento efectuado por Juan Pablo II el pasado domingo, 12 de marzo, en la Basílica de San Pedro de Roma? ¿No es absurdo que se haya vuelto a repetir, con este motivo, la clásica y extraña cantinela del Papa polaco y, por lo tanto, reaccionario y desesperadamente sordo a la intensidad del sufrimiento judío, a su especificidad o a las responsabilidades cristianas en el advenimiento del Holocausto?
En cuanto a la misma naturaleza del acontecimiento, nunca se valorará lo suficiente que fue él, Juan Pablo II, el que convirtió el «deber de la memoria» en un tema central de su predicación. En Auschwitz en 1978, en Mauthausen en 1988, en Majdanek en 1991 o en la visita a la Sinagoga de Roma, el 13 de abril de 1986, cuando dijo: «Quisiera expresar, una vez más, mi horror por el genocidio decretado, durante la última guerra, contra el pueblo judío». Y siete años después, también un 18 de abril de 1993, en la plaza de San Pedro, este homenaje que no suele citarse a «la insurrección (sic) del gueto de Varsovia», donde dijo estas palabras: «Los días del Holocausto han sido una auténtica noche de la Historia, cuando se cometieron crímenes inauditos contra Dios y contra los hombres». ¿Qué más se le puede pedir? ¿Hay una manera más profunda, para un Papa, de llorar por una tragedia metafísica?
Sobre la cuestión de las responsabilidades católicas en este crimen y en esta tragedia, hay que tener en cuenta, es cierto, el problema de la actitud del Vaticano mientras eran gaseados lo judíos. Dicho de otra manera, surge el persistente silencio sobre los famosos silencios de Pío XII, antiguo nuncio apostólico en Munich y Berlín y, después, artífice del Concordato entre la Iglesia y el régimen nazi. Pero, ¿qué sabemos de estos silencios? ¿Estamos seguros, a la luz de la historiografía reciente, de que Pío XII fue ese germanófilo o, incluso, ese pronazi, cuyo retrato glosó el escritor protestante Rolf Hochhuth, en 1963, en El vicario? Lo único cierto es que el Papa actual, Juan Pablo II, incluso antes del reciente acto solemne de arrepentimiento, no cesó de pedir perdón por «nuestra pasividad ante las persecuciones y el Holocausto de los judíos» (7 de diciembre de 1991, en la clausura del Sínodo europeo), por la «insuficiencia» de la oposición de la Iglesia a los nazis (junio de 1996) o por la criminal ligereza de esos cristianos culpables de «no haber sido lo suficientemente fuertes como para elevar la voz» contra «el horror de la desaparición de sus vecinos judíos» (16 de marzo de 1998 en Reflexiones sobre el Holocausto).
Juan XXIII no llegó a tanto. Y el Holocausto ni siquiera se abordó en el Vaticano II.
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Y por lo que se refiere a la reflexión propiamente doctrinal sobre el antisemitismo católico, los ignorantes encuentran chocante la distinción, incansablemente repetida por el pontífice, con respecto al antisemitismo nazi, fundamentalmente pagano y, por lo tanto, anticristiano, y que reprochaba a los judíos, no el haber matado a Cristo, sino, por el contrario, el haberlo inventado. Es una justa distinción. Formidablemente operativa para calibrar lo que pasó realmente en Europa durante la interminable guerra (1933-1945) lanzada contra los judíos. Una distinción que nunca le impidió a su autor denunciar «los prejuicios y las lecturas pseudoteológicas» que «sirvieron de pretexto» para el profundo odio contra «los hermanos judíos» (Ángelus del 14 de enero de 1996). Y, más recientemente, en la tercera de las seis peticiones de perdón, el saludo a este pueblo, calificado de «pueblo de Israel» o de «pueblo de la Alianza y de las bendiciones», que Dios ha «elegido» para que «su nombre fuese dado a conocer a los demás pueblos».
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En definitiva, es en este contexto en el que hay que interpretar el gesto de la petición de perdón papal. Conviene leer, en medio de todas estas oraciones, la exhortación hecha a las iglesias para que se arrepientan, todas, de las faltas que algunas -por ejemplo, las iglesia del Tercer Mundo- sólo conocieron de oídas. Y, por otra parte, hay que esperar a que concluya el viaje papal a Tierra Santa. Y, mientras tanto, hay que atenerse a los hechos, es decir, a los textos. Y a la magnífica imagen de este hombre tan anciano, agotado y casi llorando, que, al pie de un Cristo crucificado, en un gesto de humildad sin parangón desde hace cinco siglos (desde la confesión de Adriano VI), se hace, de pronto, el contemporáneo de toda la historia de su institución: pobres, perseguidos de todos los lugares y todos los tiempos, víctimas de la Inquisición, mujeres maltratadas, gitanos y, más que nunca, esos hermanos mayores, a los que la cristiandad se encuentra vinculada por un pacto tan especial como lo fue, desgraciadamente, el suplicio que sufrieron.


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«¿Alguien nos ha pedido perdón alguna vez?», pregunta Vladimir Jankelevitch en uno de sus textos clásicos. Pues sí, Juan Pablo II.



Bernard-Henri Lévy