Jesús "es un glotón y un borracho, amigo de pecadores" (Lucas 7, 34)


BLOG CATÓLICO



Este blog comparte el sueño del cardenal John Henry Newman: “Quiero laicos no arrogantes, no precipitados al hablar, no polémicos, hombres y mujeres que conocen su religión, compenetrados con ella, que saben dónde están, que saben lo que tienen y lo que no, que conocen su credo tan bien que pueden dar cuenta de ello, que saben tanto de la historia que pueden defenderla. Quiero laicos inteligentes, bien instruidos. Desearía….para aumentar sus conocimientos que cultiven la razón para penetrar en la relación de la veracidad de la verdad, que aprendan a ver las cosas como son, que comprendan cómo fe y razón se complementan, que son base y principios del catolicismo”


jueves, 2 de mayo de 2013

La cigueña de la Torre










Tengo un poco olvidado el blog pero no quería dejar pasar más tiempo sin retractarme por lo publicado el 18 de junio del 2010 sobre La cigueña de la Torre:

 http://aguavivammix.blogspot.com/2010/06/la-ciguena-de-la-torre-que-de-malo.html

En ese momento mencioné que no leo ese blog y me uní a una denuncia hecha en su contra.

Retiro lo dicho y lo recomiendo a todos. 

Gracias al blog de Francisco José Fernández de la Cigoña se hacen denuncias que son corregidas inmediatamente. Como la última sobre la página de la diócesis de Málaga:  "Señor obispo de Málaga, esto es muy fuerte" donde se había colgado un texto que parecía negar la resurrección de Cristo.  Felizmente ha sido removido.  Ojalá el señor obispo de Málaga tome nota y corrija el error, si es que lo hubiere, también entre sus sacerdotes y seminaristas. 

Como todo blog tiene aciertos y puede cometer errores, pero el bien que hace es muy superior a cualquier falla.  Y si algo valoro muchísimo es la libertad de opinión que hay allí.  Solo son censurados los comentarios vulgares y los troll.   No como los blogs tradicionalistas donde he sido censurada en dos de ellos.  Tengo más de diez años en foros de internet participando como católica en blogs protestantes y ateos y en ninguno me censuraron. Me parece increible que los "guardianes de la Tradición" censuren comentarios educados de hermanos en la fe porque más allá de las diferencias profesamos el mismo Credo.  Solo filtran uno que otro comentario contrario para guardar las apariencias de blog  "libérrimo".   Así cualquiera abre un blog y escribe lo que le viene en gana, sin réplica.  En mi blog no admito comentarios, ninguno, ni positivos ni negativos, pero quien lo desee me puede escribir y con gusto publico su comentario. 

viernes, 15 de marzo de 2013

Recibamos a Francisco

Tomen nota mis queridos lectores: un cardenal de pasado dudoso o mala gestión puede ser un buen Papa.  El cardenal Mastai Ferretti fue el candidato de los liberales y sus críticos lo acusaban de ser aliado de la masonería, sin embargo, como Pío IX fue buen Papa y además beato.  Eneas Silvio Piccolomini como no abrazó la religión hasta cumplidos los 40 años, tuvo numerosas aventuras amorosas, propias de la liberalidad de su tiempo, edad y condición: "He conocido y amado a muchas mujeres [...], pero en cuanto las conseguía me causaban gran fastidio. Tampoco si tuviera que casarme, me juntaría con una mujer cuyo trato no conociera". En su juventud compuso una obra erótica,  la Historia de duobus amantibus (Historia de dos amantes). De todas sus obras, la Historia de dos amantes es la que más éxito tuvo, con más de 35 ediciones antes del año 1500, y más de 100 copias manuscritas. Más tarde, siendo Papa, se avergonzó o retractó de esta obra de juventud, llegando a escribir en una carta:  "rechazad a Eneas, acoged a Pío II". 
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Recibamos a Francisco


autor: Juan Manuel de Prada

Disminuir tamaño del textoAumentar tamaño del textoAhora nos van a dar mucho la tabarra, tratando de explicarnos cómo será el papado de Francisco a la luz de lo que hizo o dejó de hacer el cardenal Bergoglio. Quienes así hagan, olvidan que el Papa goza de una asistencia de la gracia divina única y especialísima; una gracia que cambia al hombre sobre el que actúa. Baste recordar el caso del cardenal Mastai Ferretti, que apoyó la causa de la unificación italiana y cuya elección papal fue muy aplaudida por los liberales de la época… que no sabían que se les venía encima Pío IX. Mucho más iluminador que andar desempolvando episodios de la vida y hazañas de Bergoglio se me antoja atender a las palabras del nuevo obispo de Roma. Como dijo tras su elección Pío II, antes Eneas Silvio Piccolomini, escritor frívolo y licencioso: «Aeneam reicite; Pium recipite». Recibamos a Francisco.

Y, recibiéndolo, podremos ir vislumbrando el «estilo» de su pontificado. Ya en el momento de su proclamación, pese al atolondramiento (envaramiento incluso) causado por el peso de la responsabilidad recién aceptada, nos dio algunas pistas: puso a la gente a rezar por su antecesor y, antes de pronunciar la bendición urbi et orbi, pidió a los allí congregados que imploraran la bendición del Señor para él. Es un gesto de humildad y sencillez que ya ha sido convenientemente resaltado (como otros que luego prodigaría, en su cena con los cardenales o en su salida a la basílica de Santa María la Mayor); pero no se ha resaltado tanto que es un signo de comunión con sus fieles (a imagen de la comunión de los santos), que sólo puede lograrse a través de la oración. En la necesidad de la oración ha insistido Francisco en el sermón de la misa del fin del cónclave, recordándonos la frase de Léon Bloy: «Quien no reza a Cristo, reza al diablo». Reconozco que la cita de este grandísimo escritor maldito, látigo de la hipocresía y el fachadismo religioso, me ha conmovido muy hondamente. El sermón del nuevo Papa fue de una sencillez abrumadora y aldeana, breve como una florecilla franciscana; pero en su despojamiento escondía una fuerza explosiva. Sin aceptación de la Cruz, no hay caminar con Cristo, ni edificar con Cristo, ni confesar con Cristo; y una Iglesia que no aceptase la Cruz sería aliada del demonio. Fue una condena de la mundanidad -ese veneno que mata la fe- en toda regla.

Francisco puede ser el Papa de la espiritualidad, del repudio de las pompas mundanas, de una Iglesia que se purifica y fortalece a través de la oración y la caridad fraterna, abrazada a la Cruz. Recibámoslo con alegría.

Habemus Papa Francisco



El cardenal Bergoglio ha sido elegido por el Colegio Cardenalicio como el sucesor de Benedicto XVI. En post anteriores publiqué una crítica constructiva a su ecumenismo, crítica que sostengo siendo consciente que una cosa es la gestión del cardenal y otra muy diferente es el sucesor de Pedro especialmente asistido por el Espíritu Santo. Que Dios bendiga al Papa Francisco. 




martes, 12 de marzo de 2013

El verdadero ecumenismo del Vaticano II




"Benedicto XVI ha colocado la primera piedra para recuperar el auténtico espíritu del Concilio Vaticano II"

El verdadero ecumenismo del Vaticano II

En otra entrada intenté hacer una crítica constructiva a un ecumenismo llamado “de amor”. En esta oportunidad quiero resaltar la diferencia que hay entre dos modelos de ecumenismo: el verdadero ecumenismo oficial, el que emana de la “letra” del Vaticano II, y ese novedoso ecumenismo “de amor”.

Sobre que aparentemente existen dos modelos de ecumenismo distintos lo explica el padre Cantalamessa en una entrevista publicada en Zenit: “el Espíritu Santo conduce a los creyentes a la unidad y a la verdad a través de dos caminos: uno, la unidad carismática y pentecostal y el otro a la unidad jerárquica e institucional.”

Según el fraile capuchino, mientras que unos se dedican al ecumenismo OFICIAL desde las verdades de Fe, él se dedica a un “nuevo” ecumenismo partiendo del AMOR.

No sabemos en qué se basa pero está seguro que con el ecumenismo oficial y teológico del Vaticano II no se alcanzará “nunca” la unidad de los cristianos y por eso considera que es necesario sostenerlo con el novedoso ecumenismo “de amor”.

En el papel suena muy bien pero en la práctica no nos parece prudente que por un mínimo porcentaje de pastores pentecostales “friendly” (se calcula que son solo un 20 o 30%) justifique confundir o escandalizar a los católicos de fe sencilla, que sabemos no tienen una formación católica adecuada, con gestos como el que vemos en las fotografías que circulan en internet, y que pueden inducir al indiferentismo religioso ("es indiferente practicar ésta o aquella religión, todas son iguales")

En una fotografía aparece el padre Cantalamessa arrodillado ante dos pastores: Omar Cabrera Jr. y Norberto Saracco, para recibir una bendición.




La fotografía de Bergoglio arrodillado que circula por internet corresponde al III Encuentro de CRECES del año 2006 y entre los que le impusieron las manos estaba el pastor Giovanni Traettino. Zenit lo publicó el 23.06.2006



El verdadero ecumenismo del Vaticano II:

Para conocerlo hay que ir a la “letra” de los documentos.

“Por "movimiento ecuménico" se entiende el conjunto de actividades y de empresas que, conforme a las distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos. Tales son:

En primer lugar, eliminar palabras, juicios y actos que no sean conformes, según justicia y verdad, a la condición de los hermanos separados, y que, por tanto, pueden hacer más difíciles las mutuas relaciones en ellos.

En segundo lugar, "el diálogo" entablado entre peritos y técnicos en reuniones de cristianos de las diversas Iglesias o comunidades, y celebradas en espíritu religioso. En este diálogo expone cada uno, por su parte, con toda profundidad la doctrina de su comunión, presentado claramente los caracteres de la misma. Por medio de este diálogo, todos adquieren un conocimiento más auténtico y un aprecio más justo de la doctrina y de la vida de cada comunión.

En tercer lugar, las diversas comuniones consiguen una más amplia colaboración en todas las obligaciones exigidas por toda conciencia cristiana en orden al bien común y, en cuanto es posible, participan en la oración unánime” (Unitatis Redintegratio, 4)

El verdadero ecumenismo “es de todo punto necesario que se exponga claramente la doctrina. Nada es tan ajeno al ecumenismo como ese falso irenismo, que daña a la pureza de la doctrina católica y oscurece su genuino y definido sentido” (Unitatis Redintegratio, 11)

El verdadero ecumenismo es "el diálogo entablado entre PERITOS Y TECNICOS en reuniones de cristianos de las diversas Iglesias o comunidades, y celebradas en espíritu religioso. En este diálogo expone cada uno, por su parte, con toda profundidad la doctrina de su comunión, presentando claramente los caracteres de la misma. Por medio de este diálogo, todos adquieren un conocimiento más auténtico y un aprecio más justo de la doctrina y de la vida de cada comunión” (Unitatis Redintegratio, 4)

El verdadero ecumenismo “no se trata en este contexto de modificar el depósito de la fe, de cambiar el significado de los dogmas, de suprimir en ellos palabras esenciales, de adaptar la verdad a los gustos de una época, de quitar ciertos artículos del Credo con el falso pretexto de que ya no son comprensibles hoy. La unidad querida por Dios sólo se puede realizar en la adhesión común al contenido íntegro de la fe revelada. Una solución de compromiso está en contradicción con Dios que es la Verdad. En el Cuerpo de Cristo que es « camino, verdad y vida » (Jn 14, 6), ¿quién consideraría legítima una reconciliación lograda a costa de la verdad? La Declaración conciliar sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae atribuye a la dignidad humana la búsqueda de la verdad, « sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia », y la adhesión a sus exigencias. Por tanto, un « estar juntos » que traicionase la verdad estaría en oposición con la naturaleza de Dios que ofrece su comunión, y con la exigencia de verdad que está en lo más profundo de cada corazón humano” (Ut Unum Sint, 18)

El siguiente es un ejemplo de verdadero ecumenismo oficial y teológico del Vaticano II, entre peritos de dos facultades de teología, católica y protestante, sin traicionar a la verdad. Tiene razón Congar, gracias al diálogo reconocieron importantes zonas de convergencia sin caer en un irenismo “barato”.

“Desde hace ya tiempo pensábamos que el diálogo ecuménico adolece de falta de precisión en el empleo de las palabras que usan todos sin atribuirles siempre un mismo contenido. Católicos y protestantes empleamos los mismos términos: fe, gracia, Iglesia, justificación. Pero en cada uno de ellos, y bajo cada uno de ellos, unos y otros ponemos contenidos diferentes, en los cuales, por el juego de la cohesión profunda, reaparecen todas nuestras divergencias. Barth, comentando las palabras del Catecismo romano, a propósito del artículo sobre la Iglesia en el símbolo, “fide solum intelligimus, sólo comprendemos por la fe”, escribía. “Si estuviéramos de acuerdo acerca del sentido de estas tres palabras, no habría separación de las Iglesias…En efecto, partiendo de ahí podríamos entendernos en todo lo demás, nótese que digo en todo lo demás: el papado, los sacramentos, el dogma y los ritos”. ¡Qué hermoso sería! Pero un hermano protestante de la base decía: “Nos tememos que incluso la palabra fe no tiene el mismo sentido para las dos confesiones”. Podrían hacerse observaciones análogas y no menos graves sobre el término “gracia”: no seríamos los primeros que notamos esta ambigüedad. ¿Incurriremos en un equívoco empleando las mismas palabras? Con la intención de evitarlo o para salir de él habíamos concebido el proyecto de un Vocabulario Ecuménico. Tenemos a la vista los escritos de una reunión celebrada en París el 1ro. de marzo de 1948 entre amigos luteranos y católicos, cuyo tema respondía exactamente a este deseo. En 1961 reasumimos este proyecto en Estrasburgo, donde la presencia y convivencia pacífica de dos importantes facultades de teología, una católica y otra protestante, parecía permitir y prometer excelentes condiciones de éxito. La realización se ha demostrado menos fácil de lo que se había podido esperar. Sin embargo, gracias en particular a la creación del Centro de estudios ecuménicos, fundado en Estrasburgo a comienzos de 1963 por la Federación luterana mundial, pudo constituirse un grupo de trabajo en un excelente clima de confianza y de amistad. En el transcurso de la primera reunión, el 23 de junio de 1964, expliqué la intención y las grandes líneas de la puesta en marcha por las dos exposiciones sobre la gracia que se hallan en el presente volumen. No se trataba de un diálogo con vistas a confrontar dos síntesis dogmáticas y a progresar, mediante una mejor comprensión de los otros y de nosotros mismos, hacia un punto de acuerdo en la claridad. Se trataba de un paso preliminar para llegar a esto mismo, situarse a un nivel de información precisa: se trataba de crear un instrumento de trabajo, para cada uno de nosotros, se trataba de explicar el origen, la comprensión y las aplicaciones mayores de ciertos términos o conceptos, ilustrando la exposición con textos significativos. El proyecto y el método fueron discutidos el 8 de diciembre de 1964. Varios de los protestantes participantes estaban incómodos. La teología católica, decían, dispone de definiciones precisas elaboradas en el pasado, pero que puede considerar como adquiridas y todavía valederas. La teología protestante conoció, desde luego, una especie de escolástica, una ortodoxia, pero en un pasado que condiciona mucho menos su presente; sobre todo siente cierta repugnancia por las definiciones, prefiere describir situaciones concretas, teme que un “vocabulario” quede en la superficie de las cosas, sin poder expresar la realidad de manera adecuada. Emmanuel Mounier escribía el 3 de agosto de 1939: “de todo amigo verdadero aguardo el día en que nos revelemos mutuamente una gran debilidad: entonces estaremos definitivamente fuera de la mentira”. Nuestras confesiones se hicieron sin reservas. Hubo un momento en que estuvieron a punto de desencadenar en nuestro pequeño grupo, constituido con dificultad, una crisis fatal. Pero el trabajo se prosiguió, superando esta crisis y dejando a un lado las ilusiones, afortunadamente perdidas. No sin dificultad; todos estábamos muy ocupados, algunos recibían un destino lejano, yo mismo estaba absorbido personalmente por el Concilio y por el trabajo de sus comisiones. Sin embargo, se progresó, aunque fuera lentamente. La atmósfera de nuestras reuniones era perfectamente amistosa y hasta fraterna. El intercambio de ideas que seguían a las exposiciones nos hacía reconocer muy a menudo importantes zonas de convergencia. Sin embargo, como se verá, no practicábamos un irenismo barato” ( Ives Congar, en la presentación de su libro “Vocabulario Ecuménico”, Herder, 1972)

Volver a la “letra” del Concilio

Es una gran verdad que ni bien finalizó el Concilio se desató un espíritu contestatario en la Iglesia que surgió en paralelo –o como consecuencia- al clima de los años 60, sumado a esto se presentaron y pusieron en práctica las reformas conciliares en un sentido distinto al de los padres conciliares apelando a un “espíritu” del Concilio que nadie sabía a ciencia cierta de qué se trataba. El padre Louis Bouyer lo llama “mitos posconciliares”: "A este propósito habría que desmitificar los mitos que se han construido acerca del servicio, de la pobreza, de la colegialidad, del ecumenismo, de la apertura al mundo y del aggiornamento” (“La descomposición del catolicismo”). Durante décadas han prevalecido estos “mitos” basados en un supuesto “espíritu” del Concilio sin que las autoridades eclesiásticas reaccionen. Nadie podía hacer una crítica a esos “mitos” porque inmediatamente era acusado de ir contra el Concilio mismo. A este “espíritu” del Concilio Benedicto XVI lo llamó el “antiespíritu” porque no respetó el auténtico espíritu que emana de la “letra” de los documentos.

Es por eso que al inaugurar el Año de la Fe, que comenzó el mismo día del aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, el Papa insistió con fuerza en la “necesidad de regresar, por así decirlo, a la «letra» del Concilio, es decir a sus textos, para encontrar también en ellos su auténtico espíritu, y he repetido que la verdadera herencia del Vaticano II se encuentra en ellos. La referencia a los documentos evita caer en los extremos de nostalgias anacrónicas o de huidas hacia adelante, y permite acoger la novedad en la continuidad”.

Benedicto XVI ha colocado la primera piedra para recuperar el auténtico espíritu del Concilio Vaticano II.

Mons. Albert Malcolm Ranjith, como buen ratzingeriano, sigue la “letra” del Vaticano II y en conformidad con el decreto Unitatis Redintegratio mencionó en una entrevista que el diálogo debe realizarse entre personas competentes (peritos y técnicos) y que no es una tarea fácil:

"El verdadero ecumenismo, como el expuesto por el Vaticano II, proviene del corazón de la Iglesia. Por ejemplo, el camino del verdadero ecumenismo comienza con la seria reflexión de parte de quienes se cree son competentes para entrar en ese tipo de reflexión. Tales como el Concejo Pontifício para la Unidad de los Cristianos y el mismo Santo Padre. No todos tienen la competencia para saber en que sentido esta delicada búsqueda de la unidad debe ser percibida. Se necesita mucha reflexión y oración".

Mons. Keith Newton, la cabeza del ordinariato personal Nuestra Señora de Walsingham, en el que ex anglicanos de Inglaterra y Gales han sido recibidos en la Iglesia Católica, ha dicho que los ordinariatos «son un fruto del diálogo ecuménico entre católicos y anglicanos, pero no el único».

Ahora se ha planteado un ordinariato para luteranos. Está por verse si prospera, pero, como sea, todos estarán sujetos y obedeciendo al Vicario de Cristo. Esto indica que la intención del verdadero ecumenismo del Vaticano II, en continuidad con el magisterio anterior, ha sido siempre la claridad doctrinal y no el indiferentismo religioso que con justa razón rechazó el Papa Pío XII en “Mortalium animos”.



Estela des Morgen

domingo, 10 de marzo de 2013

El Cónclave y la Crisis del siglo XVIII



San Alfonso María de Ligorio escribió una carta al cardenal Castelli quejándose de la crisis de la Iglesia en el siglo XVIII que sería enviada al Cónclave.  La misa tridentina se celebró antes y durante esa crisis ¿qué dirán ahora los que culpan al novus ordo de la crisis actual?
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La Iglesia en la tierra se llama Iglesia militante, porque está continuamente en guerra contra los enemigos internos y externos, es decir, «en crisis». ¡Pero de eso hace ya dos mil años! La paz sólo será completa en la Iglesia triunfante en el cielo, cuando la «Barca» llegue al puerto de la salvación eterna.




«Para sacar a la Iglesia de la relajación y la confusión en que se encuentra universalmente en todos sus niveles, no bastan la ciencia y la prudencia humanas, sino que hace falta el brazo de Dios todopoderoso. Entre los obispos, son pocos los que tienen verdadero celo por las almas. Las comunidades religiosas están relajadas en casi todos los casos, o incluso sin el casi, porque en ellas, en medio de esta confusión, falta la observancia y se pierde la obediencia. En el clero diocesano, las cosas aún están peor y, por lo tanto, se hace necesaria una reforma general de todos los eclesiásticos, con el fin de reparar la gran corrupción de las costumbres que existe entre el clero diocesano».



«Así pues, debemos orar a Jesucristo, de modo que nos dé para dirigir la Iglesia a alguien que, más que de cultura y de prudencia humanas, esté dotado de espíritu y celo por el honor de Dios, y sea totalmente ajeno a partidos y respetos humanos. Si, para nuestra desgracia, tuviésemos un Papa que apenas tuviese los ojos puestos en la gloria de Dios, poco le ayudaría el Señor y las cosas, tal como están en las circunstancias actuales, irían de mal en peor».



«Las oraciones pueden obtener un remedio para muchos males, consiguiendo de Dios que Él mismo extienda la mano y los arregle ... Me gustaría ver reformados tantos desórdenes presentes ... En primer lugar, me gustaría que el próximo Papa escogiese, entre aquellos que se le propongan, a los más doctos y celosos por el bien de la Iglesia ... Que se escogiesen cuidadosamente los obispos (de los cuales depende principalmente el culto divino y la salvación de las almas), solicitando información sobre su vida digna y la doctrina necesaria para gobernar las diócesis. Y que, también en relación con los obispos que ya están en sus diócesis, se pidiese discretamente información a sus arzobispos metropolitanos y otras personas, sobre aquellos que apenas se preocupan por el bien de sus ovejas ... Por encima de todo, me gustaría que el Papa devolviese universalmente a todos los religiosos a la observancia de su primitiva regla o constitución, por lo menos en las cosas principales ... No hay nada que podamos hacer al respecto, sino rezar al Señor para que nos dé un Pastor lleno de su espíritu, que sepa llevar a cabo estas cosas que he mencionado brevemente, de la forma más conveniente para la gloria de Jesucristo».



Estas consideraciones fueron hechas el 24 de octubre de 1774 y son de una carta de San Alfonso María de Ligorio al cardenal Castelli, que había solicitado sus comentarios sobre la elección del nuevo Papa y los principales abusos que debían ser extirpados de la Iglesia, teniendo el Cardenal la intención de llevar la carta al Cónclave. Las crisis de la Iglesia no son algo nuevo. La «barca de Pedro» ya ha vencido otras tormentas.

+ Dom Fernando Arêas Rifan, Obispo de la Administración Apostólica Personal San Juan María Vianney

lunes, 4 de marzo de 2013

¿Un Papa como anticristo? Newman (anglicano) responde...



Aunque parezca increíble existen católicos cultos que creen -y temen- esta tontería.  En cambio el católico sencillo no muy leído cree en la promesa de Cristo: "las puertas del infierno no prevalecerán" y también "he rogado por ti".
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«¿Son los valdenses, los albigenses y los "fraticelli" los intérpretes auténticos de las profecías?», se preguntaba Newman en 1840, antes incluso de convertirse.

autor: Carmelo López-Arias / ReL

La renuncia de Benedicto XVI al pontificado convierte a su sucesor, según las supuestas profecías de San Malaquías, en el último Papa, y por tanto convierte los años de vida que le queden al llamado Pedro Romano en los últimos tiempos que señala el Apocalipsis.


A pesar de las normas de prudencia con las que debe ser considerado un texto de 1595 atribuido a un obispo fallecido en 1148, y de la rotundidad de las afirmaciones de falsedad de expertos como el padre Luis Santamaría, miembro de RIES (Red Iberoamericana de Estudios de las Sectas), el hecho ha puesto sobre la mesa innumerables especulaciones sobre la personalidad del próximo Pontífice. Desde la búsqueda entre los cardenales de Pedros (Pierre Tauran, Peter Turkson) y de romanos (Tarcisio Bertone nació cerca de Turín, en pueblo llamado Romano Canavese) -a pesar de que los supuestos lemas de San Malaquías no siempre son tan directos- al reverdecer de la figura del Anticristo, quien podría sentarse personalmente, y en cuestión de días, en la sede del primer Pedro.

"Marca de la casa" protestante

Lo cierto es que la vinculación entre el Papa y el Anticristo la hicieron célebre los reformadores protestantes, y es habitual en las obras de Lutero, Calvino, Zwinglio, Melanchton o Cranmer. Se refieren al Papado como institución, y los distintos teólogos de esas comunidades divergen en considerarlo como la primera o la segunda bestias del Apocalipsis.

El cardenal John Henry Newman (1801-1890) fue un poco más allá y en un artículo publicado en octubre de 1840 (cinco años antes de su conversión al catolicismo) en la revista British Critic, bajo el título "La idea protestante del Anticristo" (recogido en el volumen 2 de sus Ensayos críticos e históricos, publicados por Ediciones Encuentro), apuntaba que los heresiarcas citados habían bebido en tres fuentes heterodoxas para esa interpretación: los albigeneses, los valdenses y los fraticelli. Y por una razón: la necesidad de satanizar (en este caso, usando en sentido estricto la palabra) la autoridad que les sancionaba: "La creencia de que el Papa es el Anticristo parece ser una conclusión gradualmente formada y madurada, a partir de la creencia de que la Iglesia de Roma era Babilonia, por tres grupos heréticos entre los siglos XI y XVI a consecuencia de haber sido sometidos a persecución por sus opiniones".

"¿Son éstos los oráculos de los que la Iglesia de Cristo ha de recibir la verdadera interpretación de las profecías y cuya mera afirmación de que su enemigo es el Anticristo debe aceptarse como el propio cumplimiento de la profecía y demostración de que la consumación de los tiempos ha llegado?", se preguntaba John Henry Newman cuando aún era anglicano pero ya detectaba la falta de sustento histórico, hermenéutico y teológico de la comunidad a la que pertenecía.

¿Y el Papa como persona?

El argumento no acababa ahí, porque no se trataba sólo de rebatir que el Papado (es decir, la institución, la autoridad) fuese el Anticristo, sino de que pudiese serlo, en la interpretación de los Padres de la Iglesia, el Papa como persona. Newman sacó a relucir ahí toda su erudición al refutar punto por punto las alegaciones de los heterodoxos.

Citan un pasaje de San Bernardo, cuando San Bernardo no habla en él del Papa, sino del antipapa Pedro León. Citan a Joaquín el Abad hablando de que el Anticristo será elevado a la Sede Apostólica, cuando Joaquín el Abad dice que el Anticristo expulsará al Papa (es decir, no será el Papa) de la Sede Apostólica para ocuparla él. Citan a San Gregorio Magno como si hubiese dicho que quien se proclame obispo de la Iglesia universal es el Anticristo, cuando aquel Papa dijo que sería "el precursor" del Anticristo. (Pincha aquí para ver el texto original inglés de la argumentación completa.)

¿El Anticristo como Papa? Queda claro, según Newman, que ésa no es una idea católica, sino protestante, y ni siquiera original, sino que bebe en heterodoxos medievales. Y además en heterodoxos medievales de corte gnóstico, que se sentían perseguidos por los Papas injustamente, pues en apariencia propugnaban una pureza extrema de vida y de virtudes evangélicas. La historia muestra, dicho sea de paso, lo lejos que estaba la realidad de sus comunidades de tal pretensión moralizante.

viernes, 1 de marzo de 2013

Sacerdote que se disfraza de superman para celebrar misa para niños (abuso litúrgico)







"En la celebración del Novus Ordo tenemos que ser muy serios acerca de lo que hacemos en el altar. No puede ser que un sacerdote que imagina en su sueño lo que hará en la Misa el siguiente día, camine hasta el altar y empiece a celebrar con toda clase de novedosas rúbricas y acciones inventadas"




"En la celebración de la Santa Eucaristía, algunos ponen excesivo acento en el rol presidencial del sacerdote. Pero sabemos que el sacerdote no es realmente el agente principal de lo que sucede en el altar."




"De hecho, la Sacrosanctum Concilium afirma que nadie salvo la Sede Apostólica y los obispos, donde esto sea permitido a los últimos por el primero, “nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia.” (SC 22). No obstante, notamos mucha rienda suelta en materia litúrgica en algunas áreas de la Iglesia hoy, básicamente debido al incorrecto entendimiento de la teología litúrgica."

Mons. Ranjith



 

jueves, 28 de febrero de 2013

Ranjith!

El verdadero ecumenismo del Vat. II, el oficial, es el teológico, el doctrinal, diálogo entre peritos, no cualquiera, sin traicionar a la verdad y  a la doctrina, y que no tiene nada que ver con el ecumenismo pancristiano de Bergoglio y Cantalamessa.  Ranjith sería un gran Papa.  Es un 'ratzingeriano' que sigue la "letra" del Concilio.  Recemos por él.



"El verdadero ecumenismo, como el expuesto por el Vaticano II, proviene del corazón de la Iglesia. Por ejemplo, el camino del verdadero ecumenismo comienza con la seria reflexión de parte de quienes se cree son competentes para entrar en ese tipo de reflexión. Tales como el Concejo Pontifício para la Unidad de los Cristianos y el mismo Santo Padre. No todos tienen la competencia para saber en que sentido esta delicada búsqueda de la unidad debe ser percibida. Se necesita mucha reflexión y oración."

"Algunos han creído que la solución a la crisis litúrgica —y en el fondo la crisis de Fe— que afecta a la Iglesia Católica hoy sería establecer el uso exclusivo de la Misa Tridentina, en tanto que otros sostienen que todo lo que realmente necesitamos es una “reforma de la reforma,” en otras palabras, una reforma del Novus Ordo. ¿Que piensa Usted?


RANJITH: Una actitud de “o uno u otra” polarizaría innecesariamente a la Iglesia, mientras que la caridad y la preocupación pastoral deben ser los factores determinantes.
Y si el Santo Padre lo decide así, ambas pueden coexistir."


"En la celebración de la Santa Eucaristía, algunos ponen excesivo acento en el rol presidencial del sacerdote. Pero sabemos que el sacerdote no es realmente el agente principal de lo que sucede en el altar."

"De hecho, la Sacrosanctum Concilium afirma que nadie salvo la Sede Apostólica y los obispos, donde esto sea permitido a los últimos por el primero, “nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia.” (SC 22). No obstante, notamos mucha rienda suelta en materia litúrgica en algunas áreas de la Iglesia hoy, básicamente debido al incorrecto entendimiento de la teología litúrgica."

"En la celebración del Novus Ordo tenemos que ser muy serios acerca de lo que hacemos en el altar. No puede ser que un sacerdote que imagina en su sueño lo que hará en la Misa el siguiente día, camine hasta el altar y empiece a celebrar con toda clase de novedosas rúbricas y acciones inventadas."



"El Concilio Vaticano II, como el Papa Benedicto tan claramente dijo en su discurso a los miembros de la Curia Vaticana en diciembre de 2005, no se pensó como un comienzo completamente nuevo, sino como una continuidad con un sentido del entusiasmo renovado y un punto de vista nuevo que responda mejor a las necesidades pastorales en este tiempo"

"Después de todo, el papa Juan Pablo II hizo una súplica personal en Ecclesia Dei Adflicta de 1988 a los obispos, llamándoles a ser generosos sobre este punto con los que desean celebrar o participar en la Misa Tridentina. Además, deberíamos recordar que la Misa Tridentina no es algo que le pertenezca sólo a los seguidores del Arzobispo Lefebvre. Es nuestra herencia como miembros de la Iglesia Católica"

Dankeschön!!

Legítima defensa (pena de muerte, guerra justa, violación)



Legítima defensa

El principio moral de la legítima defensa es el fundamento para la pena de muerte, guerra justa, y en el caso de violación.

Con la defensa propia ¿No se quebranta el «no matarás» del Decálogo y el mandamiento del amor al prójimo del Nuevo Testamento?

Algunos argumentan que la muerte del agresor por el agredido constituye una violación del quinto Mandamiento. Respondemos que el mandamiento “no matarás” significa no matar al inocente. En cambio «el agresor formalmente injusto pierde, por su acción injusta, el derecho a su propia vida» (Pío XII).

Jesús nos enseño el precepto del amor: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. El catecismo señala que "el amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad". “Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal”: (CIC 2264).

La defensa propia no sólo es un derecho que posee la persona inocente a conservar su propia vida preservándola de toda agresión injusta, sino que es un deber, y éste puede llegar a ser “un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad.” (CIC nº 2265)

Esto no significa que el agredido tiene “derecho” a matar al injusto agresor.

Este principio sólo permite una defensa adecuada no ejerciendo una violencia desmedida en la defensa ya que ésta sería ilícita (cf. CIC 2264).Y ¿qué es una defensa adecuada? Herir al delincuente impidiendo que vuelva a delinquir, a no ser que quitarle la vida sea el único recurso para impedir la acción del delincuente.

“La acción de defenderse puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor... solamente es querido el uno; el otro, no” (Suma Teológica 2-2, 64, 7)  Santo Tomás aplica la doctrina del voluntario indirecto o de la causalidad de efecto doble, conforme a la cual la muerte del agresor será sólo lícita cuando el efecto querido es el bueno, la conservación de la vida propia, y el efecto no querido, aun siendo su consecuencia inevitable, es el malo, la muerte del agresor.

También hay que tener en cuenta que es una situación sumamente difícil y que el agredido la mayoría de las veces solo cuenta con segundos para sopesar entre herir al injusto agresor o asestarle un golpe mortal.

Del libro “Para salvarte” del padre Jorge Loring:

- Defensa propia

Se puede matar cuando alguien quiere matarnos injustamente, o hacernos un daño muy grave en nuestros bienes, equivalente a la vida; si no hay otro modo eficaz de defenderse. No es necesario esperar a que él nos ataque. Basta que nos conste que él tiene un propósito decidido de matarnos, y sólo está esperando el momento oportuno para hacerlo; y no hay otro modo de salvar la vida que adelantarse y atacar primero (36)

Esto en el terreno moral, independientemente de la ley civil. Lo que se permite en defensa propia se autoriza igualmente en pro del prójimo injustamente atacado. La caridad fraterna puede obligar a esto, pero no a exponer la propia vida, a no ser que se trate de parientes cercanos o esté uno obligado por contrato (guardias, policías)(37)

 «Éstas son las condiciones para que pueda hablarse de legítima defensa:

- Debe tratarse de un mal muy grave, cual es, por ejemplo, el peligro de la propia vida, la mutilación o heridas graves, la violación sexual, el riesgo de la libertad personal, la pérdida de bienes de fortuna desmedidos, etc.
- Que sea un caso de verdadera agresión física.
- Que se trate de un daño injusto. Por ejemplo no sería lícito defenderse de un policía, hasta producirle la muerte, pues el agente, normalmente, actúa en cumplimiento de su deber.
- Para defenderse no hace falta que el agresor lo haga de modo voluntario y consciente. Por eso es lícito contra un borracho o un loco.
- Que no haya otro modo eficaz de defenderse (38)

 - Guerra justa

La guerra no puede ser nunca un medio normal para la solución de conflictos. "Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras" (26)

Según los moralistas, para que la guerra sea justa se deben cumplir varias condiciones:

a) Imposibilidad de solución pacífica.
b) Causa justa, como sería legítima defensa, mientras no haya una autoridad supranacional competente y eficaz.
c) Que la decisión sea tomada por la autoridad legítima a quien corresponde velar por el bien común de la nación.
d) Intención recta buscando la justicia y no la venganza.
e) Que sean superiores los bienes que se van a conseguir a los males que se pueden producir (27)

 "La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están al cargo del bien común"28. "Los poderes públicos tienen, en este caso, el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional"29 , "pero atenderán equitativamente el caso de quienes, por motivos de conciencia, rehúsan el empleo de las armas; éstos siguen obligados a servir de otra forma a la comunidad humana"30. "Una cosa es utilizar la fuerza militar para defenderse con justicia, y otra muy distinta querer someter a otras naciones"31. Buscar la guerra es absurdo. Pero rehuirla por principio puede ser cobardía ante la injusticia.

El creyente obra con rectitud mientras luche por implantar la justicia en el mundo. La paz es el ideal del hombre: pero esta paz debe ser obra de la justicia. Un pacifismo conformista con la injusticia no es cristiano.

El buen cristiano no puede desinteresarse del bien común de la sociedad. El peligro de una tercera guerra mundial que podría destruir la humanidad por el armamento de que hoy dispone el hombre, hace deseable un desarme internacional. Pero para que esto sea eficaz tiene que ser de ambos bloques, y con posibilidades de mutua vigilancia.

Aunque la guerra sea justa, "no todo es lícito entre los contendientes"32. Debe respetarse la ley moral y el derecho de gentes. "Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes son crímenes"33. "Existe la obligación moral de desobedecer aquellas decisiones que ordenan genocidios"34.

- Pena de muerte

La Autoridad Pública puede imponer la pena de muerte al criminal para defender a los demás. Dice la Biblia: «Aquel que derrame sangre de hombre, debe morir»39. «El que mata a otro voluntariamente sea castigado con la muerte»40.

«Es de notar que el verbo del original hebreo es “rasach” , que significa la muerte del inocente. Por eso habría que traducirlo: “No causarás la muerte de un hombre inocente”.»Para otra clase de muertes la Biblia emplea los términos “harag” y “hemit”41.

Salvador de Madariaga, conocido intelectual que murió a los 92 años en Lugano, Suiza, escritor internacional y ministro de la República en 1934, dice: «La pena de muerte no será necesaria el día que la supriman primero los asesinos»42.

«En un año murieron en España más de cien víctimas del terrorismo. Si se hubiera ejecutado al criminal al primer asesinato, no hubieran muerto todos los demás asesinados. Algún terrorista asesinó más de diez veces. No es deseable la muerte de nadie, pero si para que no mueran los inocentes es necesario ejecutar a los asesinos, puede ser esto una exigencia del bien común»43.

En las Navidades de 1986 hubo 62 muertos en un avión Boeing 737, secuestrado por un grupo de terroristas44.

El 19 de julio de 1987, una bomba terrorista produjo 20 muertos en un hipermercado de Barcelona45.

No se comprende por qué los criminales pueden aplicar la pena de muerte a un inocente, y los jueces no puedan aplicar la misma pena a los asesinos culpables.

Se supone, naturalmente, una culpabilidad claramente demostrada46. Lo mismo que es lícito matar a un injusto agresor en defensa propia47, la Autoridad puede aplicar la pena de muerte para defender la vida de los inocentes.«La Autoridad tiene el deber de defender la vida de los ciudadanos inocentes»«Los que tienen autoridad legítima, tienen también el derecho de usar las armas para rechazar a los agresores de la sociedad civil confiada a su responsabilidad»48.
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Medios incruentos en lugar de pena de muerte

El catecismo señala que “La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas. (2267)

“Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana. Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo «suceden muy [...] rara vez [...], si es que ya en realidad se dan algunos» (EV 56)”

Esto significa que, por ejemplo, si la cadena perpetua basta “para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas”, “la autoridad se limitará a esos medios”.

El problema aquí es que, como bien hace notar el padre Loring, un terrorista puede matar a decenas de personas, vidas que pudieron salvarse de haberle aplicado la pena de muerte al terrorista. En caso se le aplicara cadena perpetua, no sería necesaria la pena de muerte, pero ¿se aplica cadena perpetua al terrorista? ¿al violador? ¿al pederasta? ¿al asesino?

Un obispo peruano planteó la “castración química” para los pederastas y violadores. Es un término utilizado para describir los medicamentos destinados a reducir la libido y la actividad sexual.

En todo caso, es potestad de la autoridad si aplicar pena de muerte o medios incruentos, ambos son moralmente lícitos.

-Legítima defensa en caso de violación:

«La violación es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta contra la justicia y la caridad. La violación lesiona profundamente el derecho de cada uno al respeto, a la libertad, a la integridad física y moral. Produce un daño grave que puede marcar a la víctima para toda la vida. Es siempre un acto intrínsecamente malo. Más grave todavía es la violación cometida por parte de los padres (cf. incesto) o de educadores con los niños que les están confiados» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2356).
Mons. Reig Pla responde:

1. Una de las primeras preguntas que se plantea cuando se produce una violación de una mujer en edad fértil es si es lícito evitar un posible embarazo. Vayamos por partes. Si ya se ha producido la fecundación de un óvulo nos encontramos ante un nuevo ser humano, y a este respecto la doctrina de la Iglesia es clara: «Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2271). Que la fecundación se haya producido como consecuencia de una violación no cambia en nada esta valoración del aborto. Nunca es legítimo matar al hijo concebido, tampoco en estas brutales circunstancias, aunque ciertamente su padre haya cometido una atrocidad. Por otra parte también hay que aclarar que el hecho de que el óvulo ya fecundado, es decir el embrión, esté implantado o no en la pared del útero no cambia en nada la valoración moral de la que hablamos. Se encuentre donde se encuentre situado el embrión, su destrucción deliberada (el llamado aborto provocado directo) es siempre gravemente inmoral, en todo caso es un crimen abominable, aunque la fecundación, insistimos, sea fruto de una violación.

2. Aborto procurado directo no, en ningún caso; pero ¿en caso de violación, es lícito intentar evitar que los espermatozoides del injusto agresor puedan fecundar un óvulo de su víctima? La Iglesia enseña que todo «acto matrimonial en sí mismo debe quedar abierto a la transmisión de la vida» (HV 11). «Esta doctrina, muchas veces expuesta por el Magisterio, está fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador» (HV 12). Por lo expuesto los esposos no deben utilizar la anticoncepción para regular la natalidad, pues es un medio moralmente reprobable que no salvaguarda ambos significados esenciales del acto conyugal. Sin embargo esta norma moral, que ni ha cambiado, ni puede cambiar, no es de aplicación en una violación. La violación es un acto inhumano y gravemente injusto y por tanto, al caso son de aplicación todos los principios morales referidos a la legítima defensa. El violador no tiene ningún derecho a acceder carnalmente a su víctima y por lo tanto tampoco a que sus espermatozoides fecunden los óvulos de la mujer a la que viola. Por tanto, es lícito intentar evitar dicha fecundación con medios, para el caso, también lícitos; por ejemplo: el lavado vaginal para la eliminación de los espermatozoides del injusto agresor (siempre y cuando no se realicen maniobras que puedan inducir un aborto si la fecundación ya se hubiera producido). Pero la siguiente pregunta es: ¿es lícito administrar a la mujer, tras la violación, una «píldora del día siguiente», que evite la fecundación, es decir que evite que los espermatozoides del injusto agresor alcancen los óvulos de la víctima? La respuesta es sencilla: Sí, siempre y cuando no exista riesgo de que ese mismo fármaco provoque un aborto si la fecundación ya se hubiera producido (hay que volver a recordar que impedir la anidación del embrión es un aborto).

3. Naturalmente la pregunta siguiente es obvia: ¿existe tal fármaco? Hasta la fecha ni la Santa Sede, ni la Conferencia Episcopal Española han publicado documento alguno en el que se haga referencia a una «píldora del día siguiente» de tales características; al contrario, hasta la fecha, todos los documentos publicados, por las referidas instancias, sobre las llamadas «píldoras del día siguiente» (LXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española. Exhortación, La «píldora del día siguiente», nueva amenaza contra la vida, 27-04-2001; Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida, Nota Sobre la píldora del día siguiente, 12-12-2000, Pontificia Academia para la Vida, Comunicado sobre la llamada píldora del día siguiente, 31-10-2000) insisten en que todas estas píldoras tienen como posible efecto evitar la anidación del embrión; es decir, todas son potencialmente abortivas y por tanto su utilización es siempre inmoral, también en caso de violación. Por su parte, también la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos (FIAMC) coincide plenamente con lo hasta aquí expuesto. Es cierto que la química farmacéutica evoluciona. Si se ha desarrollado, o en el futuro se desarrolla, una «píldora del día siguiente» que reúna todos los requisitos morales exigidos para su uso tras una violación, la Santa Sede nos lo hará saber, pero desde luego, a fecha de hoy, nada de eso se nos ha comunicado.



26. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 230 27. ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.:Teología Moral para seglares,1º,2ª,III, nº870-873.Ed.BAC.Madrid 28. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2309 29. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2310 30. Nuevo Código de Derecho Canónico, nº 2311Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 79 31. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2312 32. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2328 33. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2313 Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2264 34. JULIÁN PEREDA, S.I.: Revista ESTUDIOS DE DEUSTO, 30(IV-1967)9-34. Bilbao 35. B. HÄRING, C.SS.R.: La ley de Cristo, 2º, 2ª, 2ª, IV, 3. Ed. Herder. Barcelona 36. AURELIO FERNÁNDEZ: Compendio de Teología Moral, 2ª, XI, 1.4. Ed. Palabra. Madrid. 1995. 37. Génesis, 9:6 38. Éxodo, 21:12-14 39. AURELIO FERNÁNDEZ: Compendio de Teología Moral, 2ª, XI, 1.2. Ed. Palabra. Madrid. 1995. 40. SALVADOR DE MADARIAGA: Dios y los españoles, V. Ed. Planeta. Barcelona, 1975 41. Diario YA del 27-IX-79, pg. 4 Diario YA del 27-XII-86, pg. 19 42. Diario YA del 4-VIII-87, pg. 4 43. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2267, nuevo 44. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2264 45. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2265s.