Jesús "es un glotón y un borracho, amigo de pecadores" (Lucas 7, 34)


BLOG CATÓLICO



Este blog comparte el sueño del cardenal John Henry Newman: “Quiero laicos no arrogantes, no precipitados al hablar, no polémicos, hombres y mujeres que conocen su religión, compenetrados con ella, que saben dónde están, que saben lo que tienen y lo que no, que conocen su credo tan bien que pueden dar cuenta de ello, que saben tanto de la historia que pueden defenderla. Quiero laicos inteligentes, bien instruidos. Desearía….para aumentar sus conocimientos que cultiven la razón para penetrar en la relación de la veracidad de la verdad, que aprendan a ver las cosas como son, que comprendan cómo fe y razón se complementan, que son base y principios del catolicismo”


sábado, 24 de julio de 2010

La elección de los obispos en la Iglesia primitiva






José Ignacio González Faus: "La Iglesia nombra hoy a sus obispos en contra del evangelio"

José María Castillo: "Este sistema de nombramientos episcopales hace daño a la Iglesia. Porque lo que con ello se quiere asegurar a toda costa es la sumisión a Roma"


En relación a la frase arriba mencionada un obispo dijo recientemente a González Faus, y a otros dos teólogos más, que no será él quien lo contradiga y que sus razones tendrá para pensar lo que piensa y decir lo que dice y que les toca asumir la responsabilidad de los juicios que pronuncian.

Bueno, yo sí voy a hacer algunas aclaraciones sobre la elección episcopal en la Iglesia primitiva, aunque preferiría que lo hiciera un obispo porque ellos son los más indicados.

Con la elección de Mons. Munilla como obispo de San Sebastián se levantó mucho polvo…se puso en la picota la elección episcopal en la Iglesia primitiva. Un grupo de clérigos y laicos estaba en desacuerdo con la elección de Munilla y más de uno dijo que la Iglesia nombra a sus obispos en contra del evangelio...

Para hacer las aclaraciones correspondientes tomaremos algunos pasajes del artículo "Curas vascos: ¿Escándalo o ejemplaridad?" del teólogo José María Castillo, otro más antiguo "El cura de Albuñol y sus fieles" del mismo autor, y también algunas citas del libro "Ningún obispo impuesto" de J. I. González Faus.


José María Castillo dice:

“Más aún, cuando en la persecución de Decio (año 250), los obispos de León, Astorga y Mérida no dieron el debido ejemplo de fe, las comunidades de esas diócesis se reunieron y los destituyeron. La situación llegó a ser tan grave, que san Cipriano convocó un concilio en Cartago. Los 37 obispos allí reunidos redactaron un documento que conocemos por la carta 67 de Cipriano. En este documento se dicen tres cosas:
1) el pueblo tiene poder, por derecho divino, para elegir a sus obispos;
2) el pueblo tiene también poder para quitar a los ministros de la Iglesia cuando son indignos;
3) ni el recurso al obispo de Roma debe cambiar la decisión comunitaria cuando tal recurso no se basa en la verdad (Epist. 67, 3, 4 y 5).” (El cura de Albuñol)


- ¿Cómo entender correctamente que los obispos de León, Astorga y Mérida no dieron el debido ejemplo de fe?

Se trata de obispos apóstatas que apartándose de la fe cristiana ofrecieron sacrificios a dioses paganos. En la actualidad sería semejante a un obispo católico que se introduce en el río Ganges para adorar a la diosa Ganga… Así se entiende mejor porque al decir “no dieron el debido ejemplo de fe” puede prestarse a confusión para quien no conoce el contexto histórico.

Cipriano en su epístola 67 dice lo siguiente:


“el pueblo obediente a los mandatos del Señor y temeroso de Dios debe apartarse del obispo pecador y no mezclarse en el sacrificio de un obispo sacrílego, cuando, sobre todo, tiene poder de elegir obispos dignos o de recusar a los indignos”



Este es un caso muy concreto y delicado de disciplina eclesiástica sobre qué se debe hacer con unos obispos apóstatas. La iglesia hispana y la de Cartago “los depuso, los redujo al estado laical y los sustituyó por otros nombrados en una asamblea conjunta de clérigos y laicos, conducta que fue aprobada plenamente por Cipriano y por sínodo de obispos africanos” (José María Blázquez)

Es necesaria una aclaración: todo lo que se refiere a disciplina eclesiástica está sujeto a cambio, y de hecho ha cambiado, lo podemos constatar con la medida de San Pablo que la mujer no hable en la asamblea.

Los obispos de León, Astorga y Mérida APOSTATARON de su fe y después pretendieron seguir siendo obispos como si nada hubiera pasado, eso fue lo que motivó la reacción de San Cipriano y sus comunidades reduciéndolos al estado laical y nombrando a otros obispos en su lugar.

“ en la carta 65 de Cipriano a Epícteto, el obispo de Cártago trata de persuadir a los fieles de Assuras que no consientan que Fortunaciano, apóstata, vuelva a asumir las funciones episcopales como quería: “Fortunaciano, antes obispo entre nosotros, después de haber caído lamentablemente, quería obrar ahora como si nada hubiera pasado y que reclama para sí las funciones episcopales”. Con textos de las Sagradas Escrituras (I,2) sacadas de Ex 22, 19; de Is. 2, 8, 9 y del Apocalipsis 14, 9-11, demuestra el santo que es imposible que a quien traicionó el pontificado fuera lícito acercarse al altar de Dios después del altar del diablo. De estos textos y de otros que aduce (II, 1-2) a continuación deduce Cipriano que “los que se someten al diablo y sacrifican a los ídolos, cómo cree que puede obrar en calidad de pontífice de Dios quien se sometió y sirvió a los sacerdotes del diablo? O cómo piensa que puede dedicar al sacrificio de Dios y a la plegaria del Señor su mano, que estuvo entregada al sacrificio y al crimen? Los que ofrecieron sacrificios a los ídolos no pueden reclamar para sí el sacerdocio de Dios ni dirigir súplica alguna en su presencia a favor de los hermanos…” para que no intenten todavía obrar en función de obispos quienes después, arrojados al último grado de la muerte, se precipitaron más que los lapsos laicos en una caída más honda” Cipriano (IV 1) es partidario de orillarlos y de apartarlos de la comunidad cristiana. Las mismas ideas expresa nuevamente el obispo de Cartago en su carta 67, apoyadas en diferentes textos de las Sagradas Escrituras , que Basílides y Marcial “por haberse manchado con los billetes de la idolatría y por ser culpables de crímenes nefandos, no deben ejercer el episcopado y las funciones pontificales” (José María Blázquez: la carta 67 de Cipriano y el origen africano del cristianismo hispano)

José María Castillo dice:

"Es más, esta misma práctica se observaba para el nombramiento de obispos y papas. San León Magno (s. V) lo dijo con precisión:
“El que debe ser puesto a la cabeza de todos, debe ser elegido por todos” (Epist. X, 6).

De forma más tajante, el papa Celestino I estableció la norma (Epist. IV, 5) que en el s. XI vuelve a recoger el Decreto de Graciano:

"No se imponga ningún obispo a quienes no lo aceptan; se debe requerir el consentimiento del clero y del pueblo" (c. 13, D. LXI). " (El cura de Albuñol…)



- ¿Cuáles son las razones por las cuales Cipriano aboga por la elección del obispo en presencia de la comunidad y con el consentimiento del pueblo?

Que se descubran los delitos de los malos o se publiquen los méritos de los buenos.


(IV 1-3) "Dios manda que ante toda la asamblea se elija al obispo, esto es, enseña y muestra que es preciso que no se verifiquen las ordenaciones sacerdotales sin el consentimiento del pueblo que asiste, de modo que en presencia del pueblo que asiste se descubran los delitos de los malos, o se publiquen los méritos de los buenos y así sea la elección justa y regular, después de examinada por el voto y el juicio de todos…."




En la actualidad el aspirante a sacerdocio ingresa a un seminario y es formado por profesores (supuestamente) calificados, estudia alrededor de 7 años y después es consagrado sacerdote por el obispo. Siete años es tiempo suficiente para *conocer* las virtudes y cualidades del futuro sacerdote (por lo menos así debería funcionar en la práctica, pero vemos por el reportaje de los curas gay de Panorama que hay también ausencia de vigilancia (negligencia) en los seminarios) y para que un sacerdote sea nombrado obispo tienen que pasar varios años, tiempo que sirve para *conocer* mejor su ortodoxia y ortopraxis. En la Iglesia primitiva el sacerdote salía del pueblo sin tanta formación, por eso era necesaria la intervención de la comunidad que conocía mejor quiénes eran los más virtuosos para el cargo.


La recomendación de Cipriano coincide con el consejo de San Pablo:


"Palabra fiel: si alguno desea el episcopado, buena obra desea: pero es preciso que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, cortés, hospitalario, capaz de enseñar; no dado al vino ni pendenciero, sino ecuánime; no camorrista ni amigo del dinero; que sepa gobernar bien su propia casa, que tenga los hijos en sujeción, con toda honestidad; pues quien no sabe gobernar su casa, ¿cómo va a cuidar de la Iglesia de Dios? No neófito, no sea que, hinchado, venga a incurrir en el juicio del diablo. Conviene asimismo que tenga buena fama ante los de fuera, porque no caiga en infamia y en las redes del diablo" (1 Timoteo 3)

Según el evangelio el candidato a obispo debe ser una persona moralmente intachable y de sólida fe: ortodoxia y ortopraxis. El pueblo colaboraba con los obispos ayudando a expurgar la aptitud moral y espiritual del candidato. Esto me recuerda los avisos matrimoniales que se publican en la entrada de la parroquia para que la comunidad informe si uno de los novios presenta algún impedimento para la celebración del matrimonio.

- Serias dificultades en la elección de los obispos

Orígenes: el pueblo era manipulado.

Dice J. I. González Faus en su libro “Ningún obispo impuesto”:


"En sus homilías sobre el libro de Números (y en concreto sobre Num 27,16.17), enseña Orígenes que Moisés no nombró sucesores suyos a sus hijos, para que aprendan los jefes de las iglesias que tampoco ellos pueden dejar el cargo a sus hijos (señal de que este peligro comenzaba a amenazar a algunas iglesias de la época) ni guiarse por el afecto humano, sino por el juicio de Dios.

Y añade:
“Un gran hombre como Moisés no quiso dejar a su arbitrio la designación de un sucesor que fuese caudillo del pueblo. Y yo pregunto: ante este pueblo que otorga su favor bajo el influjo de vociferaciones o incluso de dinero ¿quién se atreverá a considerarse capaz de designar acertadamente, por muy presbítero que sea? Sólo puede hacerlo una elección divina, obtenida a base de oraciones y súplicas al Señor” (PG 12, 744)

Se puede argüir que el recurso a la oración no elimina la necesidad de los medios humanos, como quizá parece sugerir Orígenes. Pero no es esto lo que nos interesa, sino la constatación de que la designación por el pueblo no es necesariamente infalible: el pueblo puede ser manipulado. Quizá incluso por dinero; pero ciertamente por una demagogia biensonante."





- Los obispos también imponían su opinión

Una verdad a medias puede ser tan dañina como una mentira. Es verdad que la comunidad proponía candidatos pero también es verdad que en otras ocasiones eran los obispos quienes proponían e influían fuertemente en la comunidad para la elección del candidato como en la elección de Basilio de Cesarea o de Atanasio de Alejandría.

“A la muerte de Eusebio (370), Basilio es el sucesor más indicado. La elección es laboriosa. Los adversarios objetaban con su salud deficiente. “¿Os hace falta un atleta o un doctor de la fe?”, repuso el anciano obispo [Gregorio] de Nacianzo, padre de Gregorio, que hizo aceptar al candidato que se imponía.” (A. Hamman, Guía Práctica de los Padres de la Iglesia, Desclée de Brouwer, pág. 156)
En la elección de Atanasio influyó la opinión de su antecesor:
"Como diácono Atanasio acompaña a su obispo Alejandro al Concilio de Nicea. Toma parte en el primer Concilio Ecuménico, en la victoria de la fe sobre la herejía de Arrio. Es posible que haya desempeñado un papel doctrinal entre bastidores. Es y seguirá siendo el hombre de Nicea, hasta el punto de identificarse con la causa de la ortodoxia, lo cual servirá para complicar y agravar más de un conflicto. El obispo Alejandro muere en el 328 sin ocultar que Atanasio era su candidato para sucederle. La elección no se hizo sin dificultad (Ibid. pág. 127)"




- Que ningún obispo sea impuesto sin el consentimiento de los clérigos y laicos

El meollo de todo este asunto es “el consentimiento de los clérigos y laicos” a la hora de elegir un obispo para una diócesis, es decir, que -según ellos- SIN el consentimiento de los laicos y clérigos, ningún obispo sea “impuesto”. Esa parece ser la opinión de González Faus y Castillo.

Pero también me parece que aquí hay algo de confusión en cuanto a ese “consentimiento”.

Para entenderlo mejor citaremos de nuevo la carta de San Pablo dirigida a Timoteo:

"Palabra fiel: si alguno desea el episcopado, buena obra desea: pero es preciso que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, cortés, hospitalario, capaz de enseñar; no dado al vino ni pendenciero, sino ecuánime; no camorrista ni amigo del dinero; que sepa gobernar bien su propia casa, que tenga los hijos en sujeción, con toda honestidad; pues quien no sabe gobernar su casa, ¿cómo va a cuidar de la Iglesia de Dios? No neófito, no sea que, hinchado, venga a incurrir en el juicio del diablo. Conviene asimismo que tenga buena fama ante los de fuera, porque no caiga en infamia y en las redes del diablo"
El consentimiento al que se refiere el evangelio es en relación a la moral y la fe del candidato a obispo, como dice San Cipriano: “se descubran los delitos de los malos, o se publiquen los méritos de los buenos”. No se trata de si el candidato me parece simpático o no, o si pertenece a la misma ideología política que yo, de izquierda eclesial o derecha eclesial como dicen algunos, se trata de que tenga una fe sólida y una conducta moralmente intachable, es decir, ortodoxia y ortopraxis.

En la actualidad para la elección de los obispos se toma en cuenta la recta fe y la sólida moral del candidato. Cabe preguntarnos ¿es necesario el consentimiento de los laicos y clérigos? Si está asegurada la fe y moral intachable del candidato, es evidente que no.


José María Castillo dice:

“Todos los cristianos se sentían responsables y participaban en la toma de decisiones. No aceptaban, sin más, las decisiones que se tomaban sin contar con la comunidad. El valor supremo de aquellos cristianos no era la sumisión, sino la responsabilidad.”
Es verdad que el valor supremo de aquellos cristianos era la responsabilidad….los primeros cristianos se sentían responsables de su comunidad, colaboraban con ella, aportaban sus bienes, evangelizaban en calles y plazas…

¿Podemos decir lo mismo de los católicos en la actualidad?

La gran mayoría no ha leído el catecismo, otros no saben que van a resucitar, otros decoran su casa con el feng shui para “atraer la fortuna”, y otros han hecho de la fe una "ideología política". ¿Estos laicos tienen capacidad para elegir a su obispo? no lo creo...

Castillo dice:

"La Iglesia era, en aquellos siglos, tan Iglesia de Cristo como la actual. Pero se parecía más a lo que quiso Jesús que lo que se parece la Iglesia que ahora tenemos. Porque, en la Iglesia primitiva, los obispos no habían acaparado todo el poder, como ocurre ahora. El centro de la Iglesia no estaba en el clero, sino en la comunidad de los fieles. Por eso los feligreses no eran la clientela de los clérigos. "


No podemos comparar la Iglesia Católica del siglo III, IV o V con la Iglesia Católica actual con más de 1,000 millones de fieles….si en el siglo III en la elección de obispos el pueblo fue manipulado incluso con dinero ¿qué podemos esperar nosotros?

Cuando se dice que la Iglesia primitiva se parecía más a lo que quiso Jesús, además de ser una opinión subjetiva y sin fundamento, se está negando la asistencia del Espíritu Santo en el desarrollo de la Iglesia a lo largo de todos estos años.

Castillo dice:

"Es decir, se asegura así la plena libertad del papa para designar al que prefiera. Lo cual se consigue a costa de ocultar el nombre del obispo elegido al clero y a los fieles laicos a los que va a gobernar ese obispo. Por tanto, resulta evidente que la Iglesia está organizada de manera que lo que en ella interesa sobre todo es afirmar el poder libre del papa.

Lo que puedan pensar o cómo puedan reaccionar los sacerdotes y los fieles es algo que en la Curia Vaticana interesa tan poco, que ni se les consulta a los interesados. Y hasta se les oculta la decisión. Como es lógico (y es humano), en un ambiente así, de ocultamiento, la situación se presta a que haya manejos ocultos, al servicio de intereses inconfesables.

Este sistema de nombramientos episcopales hace daño a la Iglesia. Porque lo que con ello se quiere asegurar a toda costa es la sumisión a Roma."


Estas palabras provienen de quienes se autodenominan de “izquierda eclesial” y todo su discurso está condicionado por su ideología política. Tienen una idea de Iglesia izquierdista y no aceptan otra que no sea esa. Imagínense lo que sería una elección episcopal….nunca aceptarán al obispo que no pertenezca a su ideología.

En este sentido me parecen muy acertadas las palabras del padre Fortea:

“Nosotros los clérigos no debemos inmiscuirnos en cuestiones seculares. Pero es que visto lo que hay en casi todos los países, tampoco nos da ninguna tentación. Nosotros debemos luchar por valores más altos y eternos, sin involucrarnos en opciones concretas opinables. Criticamos a cualquiera cuando creemos que debemos hacerlo, sin estar con ninguno. No somos de nadie, ni estamos contra nadie.”

“Me gustaría reiterar que nosotros, los clérigos, no estamos con ningún partido. Lo que nosotros buscamos está en otra dimensión, está bastante más allá de las pobres aspiraciones de una opción política.”


La política no me interesa. Ni soy de derecha ni de izquierda. Soy católica, y como católica siempre estaré de acuerdo con el sistema político que asegure la libertad, no libertinaje, de las personas, porque la libertad es un don de Dios. Jesús fue pobre, no izquierdista, socialista ni revolucionario político. La revolución de Jesús fue pacífica, fue y sigue siendo la revolución del amor dirigido a los corazones de los hombres. La Iglesia promueve su doctrina social basada en la ética del evangelio, no promueve ninguna ideología política. Es santa por su fundador, sus sacramentos, su doctrina, y sus santos canonizados, pero no es perfecta, nunca lo fue, y nunca lo será. No es perfecta porque la parte humana que la conforma no lo es. Se la compara a una red con peces buenos y malos, a un campo donde crecen juntos el trigo y la cizaña. Entiéndanlo de una buena vez: sólo habrá perfección cuando Jesús regrese. Antes de eso sólo nos toca vivir el “ya, pero todavía no”, nos toca vivir el evangelio en forma individual, nos toca conducir a los demás hacia Jesús con la palabra y el ejemplo, porque el ejemplo arrastra multitudes, y nos toca la mutua corrección fraterna, con la alegría de los hijos de Dios.


Sabiduría y santidad van de la mano por eso cuanto más virtuosos son los candidatos, mejores obispos serán. Los sacerdotes más virtuosos por ser humildes generalmente pasan desapercibidos….el santo cura de Ars vivía en un pueblito alejado de Francia… En ese sentido los laicos podríamos colaborar proponiendo candidatos para obispos y con enviar una carta a Roma sería suficiente. Pero que sea necesario nuestro “consentimiento” para que un obispo sea aceptado en una diócesis, me parece que nos estaríamos metiendo en camisa de once varas (*) teniendo en cuenta que somos más de mil millones de fieles, por nombrar tan sólo uno de tantos inconvenientes. Ya bastantes problemas sin resolver tenemos, y mucho más urgentes, para la evangelización del mundo.




(*) La expresión meterse en camisa de once varas se aplica para advertir sobre la inconveniencia de complicarse innecesariamente la vida.